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Recuperación de suelos fatigados

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Uno de los grandes inconvenientes, por no decir el mayor, de la intensificación de la agricultura es la degradación de las propiedades físicas de los suelos. En esta segunda parte se abordarán los mecanismos de ruptura de los agregados del suelo, alteración y degradación de la estructura, mantenimiento y mejora de la estructura.

Mecanismos de ruptura de los agregados del suelo

El agua constituye el principal factor implicado en la ruptura de los agregados del suelo, como veremos a continuación. Esta destrucción puede suceder mediante distintos mecanismos:

  • Destrucción por humedecimiento rápido (slaking): Como consecuencia del aumento de presión generado por el agua sobre las paredes de los agregados, cuando un suelo seco se humedece repentinamente. Su efecto disminuye a medida que aumenta el contenido en arcilla.
  • Ruptura por hinchamiento diferencial: En este caso la destrucción sucede cuando existen arcillas como montmorillonitas o esmectitas, que se hinchan al humedecerse y se contraen al secarse.
  • Ruptura mecánica:
  1. Destrucción de los agregados por impacto directo de las gotas de lluvia o del riego, lo que genera salpicaduras de partículas de pequeño tamaño que se van depositando sobre la superficie del suelo cegando los poros y canales y dando lugar a la formación de costra superficial que impide o dificulta la percolación y la capilaridad del agua hacia la superficie y favorece la escorrentía. Además, si se están aplicando nutrientes, el agua acumulada en superficie debido a sus dificultades de infiltración, se ve colonizada por algas, que tapizan y sellan aún más la superficie del suelo.
  2. Por laboreo, donde literalmente se efectúa una trituración de los macroagregados. Con el laboreo se favorece la velocidad de descomposición de la materia orgánica, con lo que se descomponen los macroagregados del suelo.
  • Dispersión físico-química de los coloides: Fundamentalmente por efecto del ión sodio, como se vio anteriormente. Este proceso de destrucción de los agregados conlleva encostramiento superficial, una muy baja velocidad de infiltración y un fuerte favorecimiento de los procesos erosivos.

Alteración y degradación de la estructura

La estructura condiciona el desarrollo de las plantas de forma tan importante como puedan hacerlo el contenido en nutrientes, es más, una estructura deficiente disminuye sensiblemente la eficacia de un adecuado programa nutricional, debido a que no son adecuadas ni las condiciones de desarrollo de la raíz ni el vehículo de poner en contacto los nutrientes con ésta.

En este aspecto conviene distinguir el tipo de poros que conforma la porosidad de un suelo de cultivo:

  • Macroporos o poros de transmisión: Aquellos de diámetro efectivo superior a 30 µm. Son los que proporcionan aireación al sistema radicular y al suelo en general, ya que una vez llenos de agua, se vacían con cierta facilidad. Dentro de los macroporos podemos distinguir los de flujo rápido (> 50 µm, evacúan el agua rápidamente) y los de flujo lento (30-50 µm, evacúan el agua de una forma más lenta).
  • Microporos o poros de almacenamiento: Aquellos de diámetro efectivo inferior a 30 µm. Son los que retienen agua en su cavidad. Aquellos entre 0.2-30 µm, proporcionan agua absorbible para las plantas, el agua retenida en poros de diámetro inferior a 0.2 µm, no está disponible para la raíz al quedar retenida con excesiva fuerza.

La distribución en tamaño de la porosidad de un suelo es un importante factor a la hora de evaluar
y delimitar la alteración y degradación de su estructura. Quizá el hecho más patente de esta degradación estructural sea la presencia de suelos compactados. Algunas de las causas que originan la compactación de los suelos son:

  • Utilización de maquinaria pesada.
  • La ejecución de las labores culturales del cultivo, con presencia de gran cantidad de mano de obra ejerciendo presión sobre el suelo.
  • Pastoreo en exceso.
  • Evidentemente el riesgo de compactación aumenta grandemente cuando el suelo está húmedo, y se producen una serie de efectos indeseables tales como:
  • Aumento de la densidad aparente y de la microporosidad, con lo que disminuye la oxigenación de la raíz, existiendo una menor capacidad de difusión de gases y líquidos en la capa superficial del suelo.
  • Menor infiltración y drenaje y mayor escorrentía, con el consiguiente aumento del riesgo de erosión.
  • Mayor resistencia a la penetración, con lo que existe un menor volumen de suelo explorado por las raíces, con el consiguiente perjuicio para el cultivo, sobre todo, en situaciones de máxima demanda hídrica y nutricional.

Como antes se indicó existe una estrecha relación entre el laboreo y la compactación del terreno. Si bien el laboreo puede compactar el suelo, a la vez constituye un método eficaz para eliminar la compactación. Quizá en este sentido los mejores resultados se puedan obtener con el arado de vertedera, mezclando los horizontes superiores, sin embargo esta acción contribuye a compactar el suelo por debajo de la profundidad de volteo, formando la llamada “suela de labor” o “pie de arado”.

El suelo como recurso limitado: mantenimiento y mejora de la estructuraRecuperación-de-suelos-fatigados-2

Tradicionalmente, y desde tiempos ancestrales, se ha venido utilizando la incorporación de materia orgánica, como método de mantenimiento y mejora de la estructura del suelo. Veamos a continuación una serie de efectos que suponen la adición de materia orgánica a los suelos:

  • Reactiva la actividad microbiana, por tanto contribuye a la formación de macroagregados. Esta acción es más importante con materiales de relación C/N 15-20.
  • Genera sustancias húmicas, por lo que contribuye a la formación de microagregados. Como ya se ha venido indicando, este proceso es lento, con efectos a largo plazo y en el mismo cobran especial importancia la rotación de cultivos y los periodos de reposo del suelo.
  • El aporte de materiales compos-tados, con menor relación C/N y en los que se han destruido los polisacáridos en el proceso de compostaje, supone un escaso efecto frente a la formación de macroagregados, es decir, su efecto a corto plazo es escaso.
  • Siempre hay que tener en cuenta que la transformación de la materia orgánica en el suelo se verá condicionada por múltiples factores como pH, humedad, población microbiana, composición del material orgánico aportado, presencia de nutrientes, temperatura, etc.
  • La introducción de productos extraños a la naturaleza y el laboreo rompen los ciclos naturales de transformación de la materia orgánica.
  • El aporte de materia orgánica contribuye al oscurecimiento del suelo, con lo que favorece su calentamiento.
  • Aumenta la Capacidad de Intercambio Catiónico y efecto buffer del suelo ante cambios térmicos y de pH.
  • La adición de materia orgánica promueve la formación de complejos con metales, en este caso son más estables los humatos que los fulvatos, siendo este hecho de una importancia relevante en el caso del hierro y el cobre.
  • De la misma forma, los aportes de materia orgánica contribuyen a una mejor asimilación del fósforo.
  • También la materia orgánica facilita la respiración radicular ante situaciones de anoxia, al ejercer como fuente suministradora de oxígeno.
  • La materia orgánica estimula el desarrollo radicular al regular la absorción de agua y nutrientes, incluso se debate si en sí misma presenta un efecto hormonal estimulante del desarrollo de las raíces.

Básicamente la materia orgánica al entrar en contacto con el suelo y mezclarse con el mismo, se ve sometida a un primer proceso de remoción y aglutinamiento, en el que fauna edáfica y los micelios de los hongos desempeñan un papel fundamental. A partir de entonces se desencadenan una serie de procesos con formación de enlaces físico-químicos que dan lugar a complejos arcillo-húmicos, microagregados, macroagregados y uniones de éstos, para finalmente generar un suelo estructurado.

Siempre recordando que la materia orgánica poco humificada, más lábil junto a los polisacáridos, será la responsable de la unión de microagregados para formar macroagregados. Mientras que la materia orgánica más humificada como ácidos húmicos y huminas, es la responsable de generar los complejos arcillo-húmicos, es decir, microagregados.

Dentro de los procesos de transformación de la materia orgánica en el suelo, encontramos dos fundamentales: mineralización y humificación. El predominio de uno u otro depende fundamentalmente de la naturaleza del material aportado. De esta manera, comparando diferentes tipos de estiércol, se conoce que el grado de polimerización y, por tanto, el efecto estructural del material (formación lenta de microagregados), disminuye en el sentido Bovino > Ovino > Gallinaza. Si bien la contribución del proceso de mineralización, es decir, el efecto nutricional, y de formación de macroestructura de forma rápida, muestra el sentido inverso.

Consecuencia de lo anterior, y dado que el agricultor frecuentemente necesita soluciones rápidas y duraderas, en muchos suelos cultivados intensivamente se abusa de las cantidades aportadas de materia orgánica fácilmente degradable o mineralizable, para compensar con mayor cantidad el escaso efecto estructural a largo plazo de este tipo de materiales.

De este modo son comunes en lechuga aportes superiores a 400 Kg N/Ha, o superiores a 1000 Kg N/Ha en pimiento o tomate de invernadero en forma de gallinaza, superando varias veces las extracciones del cultivo, y desequilibrando en cierta medida el control nutricional del cultivo, tan importante para obtener una cosecha de calidad y respetuosa con el medio ambiente. Es imposible conocer o hacer coincidir la curva de liberación de nutrientes por parte de la materia orgánica aportada, más los aportes nutricionales a través del fertirriego, con la demanda nutricional que muestre a cada momento el cultivo.

En este tipo de situaciones, quizá sea más sensato, cuidar la estructura del suelo mediante un adecuado manejo agronómico y con aportes continuados de los productos oportunos (ácidos húmico, fúlvicos o polihidroxicarboxílicos), y si aún así es necesario el aporte de materia orgánica, que ésta sea un material bien curado, con buen efecto estructural y con una liberación de nutrientes reducida, y sabiendo que su efecto es lento en el tiempo.

Para finalizar este punto, conviene indicar algunas acciones que se pueden y conviene realizar para la corrección de suelos fatigados o para el mantenimiento o mejora de la estructura de los mismos:

  • Empleo de acolchados (plásticos, orgánicos, enarenados): Propician una mejor temperatura del suelo, evitan la formación de costra superficial y permiten un mejor desarrollo de raíz en superficie.
  • Incorporación de restos del cultivo anterior al suelo en su preparación.
  • Fomentar todo tipo de estrategias que promuevan el desarrollo radicular, como son el empleo de enraizantes o estimulantes del desarrollo de la raíz, adecuadas estrategias de riego y nutrición.
  • Aplicación más o menos continuada de ácidos polihidroxicarboxílicos, fúlvicos, húmicos, etc. Los que puedan incorporarse junto a la fertirrigación, mediante el empleo de fórmulas especiales que cumplan con este objetivo (FEP).
  • Aportes de calcio de forma continua, sobre todo, si se manejan suelos o aguas de riego con elevados contenidos en sodio.
  • Adecuado manejo del proceso de fertirriego: Resulta imprescindible definir unas adecuadas estrategias de control del suministro hídrico y nutricional. En este sentido conviene mencionar que la adopción de riego subterráneo, puede contribuir positivamente, debido a que se limita el encostramiento superficial.
  • Empleo de activadores de la microfauna o microflora del suelo y otros productos enmendantes, correctores de sales, reguladores de pH, etc.  HC

Continuará…