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Cultivos orgánicos castigados en Oaxaca

Mientras que a nivel nacional ha habido un incremento generalizado en los precios de los alimentos, como el chayote, la calabacita, el huevo o el tomate verde, los productores orgánicos de los Valles Centrales en Zimatlán de Alvarez, Oaxaca, están en  desencanto debido al bajo precio que comercializan sus hortalizas.

“El precio del tomate, el huevo ha subido pero nosotros seguimos vendiendo igual o incluso más bajo”, se lamenta don Benito Pinacho Pinacho, agricultor de tomate. “Los poblanos son los beneficiados, ya que nos afectan con sus precios. En Zimatlán de Alvarez, se cultiva con abonos orgánicos, se riega con agua limpia, se hace el esfuerzo por tener los invernaderos limpios y sanos”.

Según los datos de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope), el tomate verde, por ejemplo, subió hasta 400%, a principios de año se podía encontrar entre 6 y 8 pesos en la Central de Abasto y La Merced, pero ahora está en 30 pesos, en los mismos centros de venta.

En tanto, el kilo de tomate rojo es vendido entre 8 y 12 pesos en el tianguis aledaño al Mercado de Abasto “Margarita Maza de Juárez”, y mucho de este producto es traído de Puebla y reemplazando así el orgánico que se produce en Valles Centrales, a un precio mucho menor y de menor calidad.

Don Benito cultiva desde hace cuatro años tomate rojo en un invernadero de 750 metros cuadrados que instaló en este municipio, con un apoyo por parte del gobierno y una importante inversión propia, sumando alrededor de 150 mil pesos.

Sembrar a campo abierto, asegura, es muy difícil, sobre todo por las constantes amenazas de plagas como la mosquita blanca, que produce muchas afectaciones en los cultivos. En contraparte, en el invernadero hay más control sobre el agua que se destina, el cuidado de cada una de las plantas, la limpieza y el resguardo del sol y lluvias.

El, como decenas de productores de esta municipalidad, se dedican a la cosecha del tomate, frijol, maíz y alfalfa.

Añade que “sembrar a campo abierto, no da mucho resultado, el uso de tantos químicos ha ocasionado que sea difícil erradicar las  plagas”. Asegura que resulta mucho más caro hacerlo de este modo, por lo que los agricultores han optado por utilizar los invernaderos. Prueba de ello, es la variedad de cobertizos que se observan sobre la carretera que conduce a Zimatlán.

En un lapso de 18 meses, realiza dos cosechas que dejan un total de entre 15 y 19 toneladas. Un poco del tomate es vendido en Zimatlán, otro más es para consumo familiar y el excedente se oferta en los mercados de la capital “si es que hay buen precio allá”, si no, se prepara el terreno para el próximo cultivo y la planta se arranca y se vuelve a sembrar.

Una planta de tomate puede llegar a tener un año productivo y crecer hasta los 3.5 metros, tras alcanzar esta altura, se puede “bajar” y dejar que desarrolle en el suelo, llegando a medir hasta 8 metros de forma horizontal.

El tiempo de maduración es de 85 días, señala don Benito. Para lograr una producción integral, es indispensable el abono orgánico, de ahí que el suelo “esté suelto”, pues es una mezcla de abono de chivo, de toro, gallina y basura del mismo tomate, al que se le aplica levadura y panela para que fermente.

Don Benito prepara su composta, aunque no es al cien por ciento orgánica, porque usa un poco de abono soluble para apoyar a la planta y da buenos resultados por la cantidad que logra producir.

Esto hace que a diferencia de otros, este tomate esté macizo y no se pudra tan fácilmente. Además, el sabor tiende a ser menos agrio, un poco más dulce, en parte, porque está regado con agua limpia.

Desafortunadamente las ventajas de la producción orgánica parece no ser una prioridad para el consumidor. Don José y doña Fabiana, dos productores de hortalizas, también de Valles Centrales, consideran que la gente no está interesada en el proceso de producción, sino que buscan “resultados rápidos”, razón por la que utilizan químicos en las plantas.

Coinciden con don Benito en que el precio de estos alimentos son impuestos por los vendedores de origen poblano que llegan a hacer tianguis a Oaxaca. “Ellos usan aguas negras y químicos muy poderosos, pero la gente de Oaxaca no ve si es un producto limpio o sucio, sino que esté barato. El costo es inestable. Los poblanos fijan el precio. cuando está a un precio mál alto aquí, ellos traen de allá, nos bajan el mercado y tenemos que emparejarlo”.