Floricultores de Tenancingo, entre la falta de apoyos y el esfuerzo diario

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Desde la perspectiva de los floricultores, los apoyos que presumen tanto la gobernadora mexiquense como la presidenta de la República son, para ellos, pura propaganda.

Para los floricultores de Tenancingo, Estado de México, el éxito o fracaso de la producción depende de su creatividad y sacrificio, más que de la política o de las ayudas gubernamentales. Así lo evidencian sus propios testimonios, pues aseguran que han dejado de recibir diversos apoyos desde el inicio de la actual administración de Delfina Gómez.

El Estado de México es el principal productor nacional de rosa. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), al cierre de 2025 se produjeron en el país 9.5 millones de gruesas de rosas, de las cuales la entidad aportó 78.7 por ciento, equivalente a 7 millones 484 mil gruesas. Le siguieron Puebla, con 673 mil 408 gruesas; Morelos, con 616 mil 140; Querétaro, con 572 mil 305, y Jalisco, con 123 mil 844. Una gruesa equivale a 12 docenas de flores.

A decir de Javier Jesús Ramírez Hernández y Jéssica Alejandra Avitia Rodríguez, investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), es posible delimitar la región productora de flores a 10 municipios del sur del Edomex; sin embargo, son tres municipios —Villa Guerrero, Tenancingo y Coatepec Harinas— los que representan 85.74 por ciento de la actividad florícola según la superficie cultivada y 94.25 por ciento según el valor de la producción. A esta zona se le ha denominado comúnmente corredor florícola. Estos porcentajes corresponden a datos de 2014.

En Tenancingo, la rosa es uno de los principales cultivos. En palabras de don Jerónimo Martínez, productor de flores en el municipio mexiquense, entre 70 y 80 por ciento, aproximadamente, de las rosas que produce son rojas.

Los tres municipios señalados como parte principal del corredor florícola se encuentran dentro del ámbito de atención de la VI Delegación Regional de Desarrollo Agropecuario de la Secretaría del Campo, con sede en Tenancingo. Esta instancia participa en la atención y canalización de programas y apoyos para el sector agropecuario.

Sin embargo, desde la perspectiva de los floricultores entrevistados, los apoyos anunciados por los gobiernos estatal y federal no se reflejan en su actividad cotidiana.

Los dirigentes campesinos Saúl Alva y Jerónimo Martínez coincidieron en señalar que no conocen programas que actualmente atiendan sus necesidades como productores de flores. Una percepción similar, señalan, también existe entre vendedores al por menor del mercado de flores de Tenancingo.

Por la parte federal, la atención al sector agropecuario se realiza mediante oficinas y unidades de atención de la Sader; por la parte estatal, la Secretaría del Campo cuenta con delegaciones regionales de Desarrollo Agropecuario.

Un “enjambre” de funcionarios que, según este reportero, pudo comprobar en compañía del líder social Saúl Alva en una oficina de la Secretaría del Campo, presume la entrega de maquinaria, fertilizantes y asesoría. “Nada de eso hay”, lamentó el líder campesino. “El poco fertilizante que conseguimos proviene de algunas autoridades municipales”, denunció.

Respecto a las asesorías, señaló que algunas son impartidas por ingenieros vinculados con Chapingo, mientras que, desde su perspectiva, de los funcionarios estatales obtienen poco apoyo.

Entre los programas que el gobierno federal promociona actualmente se encuentran Sembrando Vida, Producción para el Bienestar y Fertilizantes para el Bienestar. También existe Cosechando Soberanía, aunque este último está dirigido principalmente a pequeños y medianos productores de cultivos y productos específicos como maíz, frijol, arroz, cacao y miel, por lo que no constituye un programa específico para floricultores.

Los productores entrevistados, por su parte, recuerdan apoyos que anteriormente existían para distintas actividades del campo, entre ellos subsidios para fertilizante, infraestructura de riego, caminos sacacosechas y otros mecanismos de apoyo.

La floricultura en Tenancingo

Ubicado en el sur del Edomex, Tenancingo es un municipio con una importante actividad económica. Entre sus principales distintivos se encuentran la floricultura, la elaboración del rebozo —por la que es conocido como “la cuna del rebozo”— y el obispo, embutido considerado representativo de la gastronomía mexiquense.

La floricultura llegó primero a Villa Guerrero. “Fue en este municipio, entre 1950 y 1960, donde el cultivo de flores comenzó a crecer; esta actividad resultó muy atractiva para varias familias japonesas, como los Matsumoto, Muriyama, Simishu, Nagamini, Yamagushi, Yukota, Kawabata, Sato, Hito y Ushio, entre otras… el cultivo de flores se estableció como una de las tareas básicas y fundamentales de los municipios vecinos alrededor de Villa Guerrero, como fue el caso del pueblo de Santa Anita, en el municipio de Tenancingo”, se lee en El origen y conformación de una región florícola en el Edomex, escrito por Jesús Castillo Nonato, Alan Noé Jim Carrillo Arteaga y David Iglesias Piña.

Los primeros cultivos incluían rosas, gladiolas y claveles; actualmente existe una amplia variedad de flores.

Villa Guerrero colinda al poniente con Tenancingo. Ahí, don Vicente Martínez, productor y comerciante de flores al mayoreo, cuenta a este semanario que, de acuerdo con su experiencia, la llegada de familias japonesas impulsó la floricultura en la región. La rosa fue una de las primeras flores cultivadas y comercializadas, seguida por el clavel y la gladiola.

Vicente Martínez, originario de Michoacán, narra que fue durante la década de 1960 cuando comenzó su aprendizaje en el cultivo de flores, en San Jerónimo, alcaldía Magdalena Contreras, en la Ciudad de México, entonces Distrito Federal, cuando esa zona todavía era reconocida por sus cultivos frutales y florales.

“Fue ahí donde aprendí el cultivo de la zarzamora y de las flores”, recuerda.

Al llegar a Tenancingo, señala, sólo había unos cuantos floricultores. Recuerda particularmente a una mujer de Villa Guerrero que llegó a comercializar flores en el municipio, aunque ella no era productora: su hermano era quien las cultivaba.

El rebozo todavía se produce en Tenancingo, aunque en cantidades cada vez menores, mientras que el obispo continúa formando parte de la gastronomía local. Sin embargo, la floricultura representa una de las actividades económicas más importantes del municipio.

Según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), citados por la Secretaría del Campo, la producción florícola de Tenancingo generó en 2023 ingresos por mil 247 millones de pesos. Entre los principales cultivos se encuentran las rosas, los crisantemos, las gerberas y las gladiolas, además de otras variedades.

En 2024, las ventas de rosas alcanzaron 507 millones de pesos; las de crisantemos, 400 millones, y las de gerberas, 117 millones, de acuerdo con los datos citados en este reportaje. Entre sus mercados internacionales se encuentran Estados Unidos y Canadá.

En el mercado nacional destacan el Mercado de Flores Xochiquetzal y el Mercado de la Flor Santa Ana Ixtlahuatzingo. En la Ciudad de México, entre los principales puntos de comercialización se encuentran el Mercado de Jamaica y la Central de Abasto (Ceda).

Rosas, crisantemos y gerberas dan sustento a los pobladores

No todos los productores poseen recursos suficientes para construir invernaderos. El costo de uno de mil metros cuadrados puede oscilar entre 450 mil y 500 mil pesos, de acuerdo con cotizaciones de empresas especializadas en la construcción de estas estructuras. El precio aumenta considerablemente cuando se incorporan sistemas de ventilación y riego, además de fertilizantes e insumos necesarios para la producción y comercialización.

Jerónimo Martínez, además de representar a sus vecinos, debe levantarse a las dos de la mañana, cargar su camioneta, llevar las gruesas de rosas al mercado municipal Xochiquetzal y esperar a los compradores. Para el corte y empacado de las rosas cuenta con unos cinco trabajadores, además del apoyo de familiares.

Su vecino, Vicente Martínez, también tiene que empacar su producción, en este caso gerberas, su principal producto, en compañía de unos 10 trabajadores y con el apoyo de su familia. Levantarse durante las primeras horas de la madrugada también forma parte de su vida cotidiana.

Los productores más modestos recurren a túneles de aproximadamente 100 metros cuadrados, construidos con materiales de la región, y trabajan pequeñas extensiones de cultivo. El costo de estas estructuras puede ser mucho menor que el de un invernadero convencional, aunque las condiciones y materiales utilizados son distintos.

La cosecha también es más modesta y, según los productores entrevistados, la falta de recursos limita la adquisición de insumos que podrían mejorar el rendimiento. En estos espacios el trabajo suele ser completamente familiar: no hay recursos suficientes para invertir en estructuras mayores ni para contratar trabajadores.

Luis Fernando Millán Fuentes y Marina Vázquez son pequeños vendedores. A diferencia de quienes exportan o comercializan su producción en contenedores o camionetas, Luis Fernando cuenta con poco más de media hectárea, donde cultiva rosas; mientras él se encarga de la venta, su familia participa en la siembra y cosecha.

En cambio, Marina sólo comercializa las flores que le entregan sus consignatarios. No existe un compromiso económico fijo: les paga conforme vende la mercancía y, si las flores no se comercializan, puede devolverlas. Tiene muchos años trabajando de esta manera y sus proveedores le confían la mercancía con base en una relación construida a lo largo del tiempo.

Los cuatro entrevistados de esta historia coincidieron en señalar que no han recibido apoyos gubernamentales que consideren suficientes para atender sus necesidades. También recordaron programas y esquemas de apoyo que, desde su perspectiva, anteriormente beneficiaban a los productores.

Marina, ya entrada en años, revela: “No pido nada regalado, pero un crédito con pocos intereses nos ayudaría a invertir, a mejorar nuestro local, a comprar más flores”.

También denunció la falta de apoyo del gobierno municipal para mejorar la infraestructura del mercado Xochiquetzal: “Dicen que no tienen recursos; pero si ellos cobran lo de los baños, ¿dónde está ese dinero?”.

Este reportero fue testigo de las dificultades de un directivo de la oficina de Desarrollo Agropecuario, con asiento en Tenancingo, para precisar el número de apoyos entregados. Inicialmente se habló de 200; posteriormente, uno de sus subordinados informó que eran 400 y, más tarde, un tercer empleado, coordinador de la entrega, señaló que los recursos habían beneficiado a mil 200 ciudadanos.

Cuando se solicitaron los nombres de los beneficiarios, ninguno pudo proporcionar en ese momento un nombre concreto.

Ésa es la realidad que, de acuerdo con los testimonios recabados, enfrentan algunos productores del campo mexiquense. Tenancingo es un ejemplo de las dificultades que persisten en el sector florícola. Los ingresos que genera la actividad no derivan únicamente de la acción gubernamental, sino también del esfuerzo cotidiano de los productores y sus familias.

Las flores, uno de los principales productos de este municipio, dan sustento a numerosas familias y forman parte de las celebraciones que generan algunos de los sentimientos más apreciados por la sociedad: felicidad, alegría y afecto.

Sin duda, los floricultores merecen otro trato.

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