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Inflación generalizada de todos los insumos agropecuarios

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En el último año hemos visto incrementos en los precios de los insumos agrícolas. El aumento en el consumo de alimentos, la desviación de cultivos para fines diversos a la alimentación, el costo de los energéticos, el cambio climático, y ahora el tipo de cambio están produciendo un cambio dramático en el sector agropecuario cuyas repercusiones apenas empiezan a sentirse.

El mundo enfrenta ya una crisis alimentaria. Paradójicamente, el auge económico de algunas clases sociales, hasta hace poco sumidas en la pobreza, está provocando un incremento en los precios de los alimentos que limita la capacidad de otras para seguir consumiéndolos.

En muchas partes del mundo están emergiendo nuevos grupos que compiten para obtener toda clase de bienes y entre ellos alimentos de mayor calidad nutritiva, a los cuales anteriormente no tenían acceso. Los altos índices de crecimiento continuo durante varios años, en China e India, por citar tan sólo los más importantes, han incrementado el nivel de vida de millones de personas provocando un cambio importante en el balance de la alimentación mundial. El aumento en el consumo de proteínas, concretamente carne, está propiciando una mayor demanda de cereales forrajeros, lo cual contribuye al déficit mundial de los mismos y propicia el aumento de precios.

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La orientación de la producción agrícola a las nuevas tecnologías de generación de energía, como los biocombustibles, está desviando grandes extensiones tradicionalmente destinadas a producir alimentos. En muchos países se está incentivando, incluso con subsidios especiales, la producción de estas nuevas fuentes de energía, lo que a su vez disminuye la disponibilidad de cereales e incrementa sus precios. En todo el mundo, cultivos como trigo, soya, palma de aceite, caña de azúcar y más recientemente el nopal, entre otros, ya sólo parcialmente se dirigen a la alimentación humana o animal.

Por otra parte, el tipo de cambio, incide en forma directa en el precio de los insumos y en toda la cadena agroalimentaria.  Asimismo, el alto costo de transporte en México representa hasta una tercera parte de su precio, sin contar que los insumos agrícolas también se ven afectados por el mismo, tanto para su producción como para llevarlos hasta el lugar de consumo.

Como un factor adicional que incide en forma importante en la disminución de la oferta, están los cambios climáticos que han tenido un fuerte impacto en muchas partes del mundo y que se manifiestan en una disminución importante de superficies cultivables. La sequía y los daños por heladas, tormentas torrenciales y granizo reducen en forma considerable la producción de granos.

Hoy en día, la presión de la demanda sobre la oferta es enorme. Las reservas de granos están en un punto bajo; Europa, que contaba con grandes reservas, ha importado millones de toneladas. Los precios de muchos productos han subido en el último año y se estima que esta situación continuará y no sólo en los cereales sino también en todos los insumos del sector, entre los cuales se encuentran los agroquímicos y fertilizantes, siendo sus costos afectados por muchos de los factores que se han descrito pero fundamentalmente por la reducida capacidad mundial para hacer frente a las necesidades de nutrición vegetal. Los agricultores están compitiendo para obtener las cantidades de nitrógeno, fósforo y potasio que sus cultivos necesitan. La disminución de reservas de cereales está propiciando un incremento acelerado de la producción, lo que a su vez provoca la necesidad de mayores cantidades de fertilizantes.

Los precios de todos los elementos nutricionales están altamente presionados; en los últimos meses, los fertilizantes nitrogenados han aumentado y después de un periodo de estabilidad estos han iniciado una ligera tendencia a la alza, mientras que el cloruro de potasio ha pasado de un precio promedio nacional de $18,120.84 pesos/ton en febrero del 2015 a los $19,733.38 en febrero de este año. En cuanto a los fosfatados los precios han experimentado un mayor incremento en el último año, el DAP (Fosfato diamónico) ha pasado de un promedio nacional de $9,283.42 pesos/ton en febrero de 2015 a $11,413.61 en febrero de 2016 (Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados, Secretaría de Economía).

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Ante esta situación, países productores de estos insumos, principalmente China y Rusia están adoptando medidas que en lugar de aliviar la situación tenderán a agravarla, al adoptar fuertes aranceles para la exportación de los mismos lo que propicia mayor escasez mundial y ésta a su vez un nuevo incremento de precios que a la postre repercute inclusive en sus propios precios locales que no pueden desligarse de las tendencias internacionales. Rusia ha establecido impuestos importantes para sus exportaciones de cloruro de potasio y de otros fertilizantes en el orden de entre 3 y 8%. El caso de China es mucho más extremo ya que estos han subido en forma vertiginosa.

La situación alimentaria internacional se ha agravado rápidamente, hoy ya es un lugar común hablar de la crisis de los alimentos y tanto los gobiernos como los organismos internacionales manifiestan ya su preocupación ante las repercusiones de esta inflación que en muchos países podría presentarse mezclada con una desaceleración del crecimiento económico como consecuencia de la probable recesión de Estados Unidos. En muchas partes del mundo se han empezado a producir fuertes protestas de la población ante los incrementos de precios en los alimentos, lo que ha obligado a sus gobiernos a establecer impuestos a la exportación tratando de detener el alza de los mismos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), consideró que son varios países los que podrían experimentar protestas sociales que pudiesen conducir a severas crisis sociales y políticas si no se encuentra una solución a esta situación.

La población mundial sigue creciendo, se estima que en 40 años habrá aumentado un tercio de lo que es actualmente, de cerca de 7 mil 400 millones de habitantes a más de 10 mil millones, Tan sólo en China el consumo de energía, en caso de seguir con un ritmo de crecimiento similar se multiplicará por 10 en ese periodo, lo cual significa que la energía será insuficiente. El mundo enfrenta una vez más un enorme reto para lograr equilibrar el crecimiento del nivel de vida de la humanidad con los bienes necesarios para sustentarlo; nuevas tecnologías deberán surgir, fuentes de energía suficientes para cubrir las necesidades humanas, y un incremento considerable en la producción agrícola.

Muchos gobiernos y también la mayoría de los organismos internacionales relacionados con la economía y con el sector agrícola se han manifestado ya por establecer mecanismos que apoyen la producción. En el caso de México, el gobierno planea reactivar la industria de los fertilizantes. Las políticas que se establezcan deberán propiciar la modernización tecnológica y dirigir a los agricultores a aumentar su productividad, aprovechando las ventajas competitivas de cada región o país. La nutrición vegetal y el uso racional del agua, juega un papel importante en este desafío.

La aplicación adecuada y racional de fertilizantes significa un incremento en la calidad y cantidad de la producción; el costo de estos insumos, si bien afectan en forma importante el flujo de los agricultores, no representa una parte considerable en el costo total de los cultivos si se compara con los rendimientos que se obtienen, por lo que el conocimiento adecuado de los nutrientes a aplicar, en qué dosis y en qué momento, es hoy más que nunca una herramienta decisiva para todo agricultor, que le permitirá convertir en una oportunidad el reto que hoy se les presenta. HC

Carlos Fernández Castelló
Director INTA GREEN
Fuente: Publicaciones oficiales de la USDA, FAO, IFA y el Banco Mundial