
jueves, 23 de julio de 2026


Desde las normas salariales del programa H-2A hasta las regulaciones estatales, el sector de frutas y hortalizas en Estados Unidos (EUA) afirma que la escalada de los costos laborales está mermando los beneficios de los productores y reconfigurando el futuro del cultivo de frutas y hortalizas.
Aunque el salario base de un trabajador temporal pueda parecer manejable sobre el papel, los productores de cultivos especializados señalan que deben asumir miles de dólares adicionales por trabajador por concepto de alojamiento, salud, servicios públicos y transporte, tanto internacionales como nacionales. Los costos laborales totales ahora consumen más del 100 % de los rendimientos netos de algunas hortalizas, operando con pérdidas netas.
El USDA estima que la mano de obra representa, en promedio, alrededor del 40 % de los costos de producción de hortalizas. Pero en realidad, ese costo es mucho mayor.
De hecho, algunas encuestas en EUA señalan que los costos laborales consumieron el 70 % de los rendimientos netos en 2022; sin embargo, esa cifra se disparó al 108 % en 2023 y al 110 % en 2024. En comparación, en 2013 la mano de obra absorbía solo el 37 % de los rendimientos netos de los productores.
Cómo los costos laborales superan los ingresos de los productores
Para sobrevivir, los productores han recurrido a agricultura por contrato para asegurar ingresos brutos, reservas de efectivo, el valor patrimonial de sus tierras y líneas de crédito. Pero las líneas de crédito se han restringido considerablemente, obligando a algunos productores a arrendar o vender sus tierras.
Estas han sido estrategias de supervivencia a corto plazo, pero no ha habido una mejora significativa de la situación. Es una tendencia muy desalentadora para el suministro de alimentos y las comunidades rurales de EUA.
Los costos de mano de obra y de cumplimiento normativo de varian regulaciones han aumentado mucho más rápido que el precio de los cultivos en el mercado. Parte de la desconexión radica en que EUA es receptor de precios en un mercado global, mientras que su estructura de costos es muy local y está fuertemente influenciada por las políticas estatales. El resultado final es la consolidación del sector y la pérdida de operaciones familiares, no simplemente empresas más eficientes.
Por qué el programa de visas H-2A se ha vuelto esencial para las explotaciones agrícolas
El programa de visas H-2A para trabajadores temporales se ha convertido prácticamente en la única fuente de mano de obra agrícola. Samantha Ayoub, directora de políticas laborales y empresariales de la International Fresh Produce Association, señala que la realidad es que “no hay trabajadores estadounidenses que realicen estos trabajos”. De los 415,000 empleos agrícolas ofertados para la temporada 2025, solo 182 trabajadores de EUA presentaron su solicitud. En consecuencia, el uso del programa H-2A ha aumentado un 185 % en la última década; de hecho, el segundo trimestre de 2026 registró 30,000 puestos certificados más que el año anterior.
“Sabemos que este programa está creciendo”, afirma. “Sabemos que los agricultores suelen recurrir a él como último recurso. Si los agricultores pudieran encontrar trabajadores estadounidense para realizar estas labores, preferirían hacerlo sin duda”, dijo.
El programa H-2A contempla actualmente un salario base de $18.15 dólares por hora pero los empleadores también deben cubrir el alojamiento obligatorio, las estrictas inspecciones anuales, los servicios públicos, de salud y todo el transporte, tanto nacional como internacional. En realidad, el trabajador recibe $18.15 dólares por hora, pero al agricultor le cuesta $30 dólares por hora o alrededor de $11,000 dólares por trabajador H-2A antes incluso de que pisen una granja estadounidense y trabajen un solo día.
Así mismo, el Proyecto de Ley de la Asamblea 2646 de California, propone elevar el salario mínimo de los trabajadores agrícolas a $19.75 dólares a partir del 1 de enero de 2027, con aumentos automáticos anuales para ajustarse al costo de vida. California ya paga algunos de los salarios más altos del país a los trabajadores agrícolas. El estado también ha impuesto restricciones a las horas extra de los trabajadores agrícolas, normas de prevención contra el calor y otras regulaciones.
Los productores de Washington se enfrentan a un panorama laboral aún más complejo: deben pagar la más alta de cuatro tasas salariales mínimas diferentes, conocida como la tasa de salario prevaleciente.
Las nuevas tarifas salariales no entran en vigor hasta que el empleador recibe una carta de ajuste salarial del Departamento de Trabajo, una vez que este publica dichas tarifas en línea. El verano pasado, el salario prevaleciente aumentó 5 centavos por libra durante la temporada de cerezas, lo que incrementó entre 3 y 4 dólares por hora los ingresos netos de un trabajador promedio.
Para un productor que ya destina el 110 % de sus ingresos brutos a la mano de obra, ahora resulta imposible que los trabajadores del programa H-2A superen las 40 horas semanales. Los productores a menudo dejan la fruta en los árboles, incluso después de haber invertido en los costos de producción, porque el costo de la recolección supera el valor que obtendrían finalmente por ella.
Los salarios vigentes y el aumento de los costos laborales han tenido un impacto enorme en el sector de la fruticultura. No solo hay productores que han dejado la fruta en los árboles porque los ingresos que esta generaría no cubrían la mano de obra necesaria para cosecharla, sino que otros han optado por abandonar el sector por completo.
Datos del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas del USDA muestran que Washington perdió el 15 % de sus explotaciones de frutales entre 2017 y 2022, así como el 29 % de las dedicadas a las cerezas, mientras que Oregón perdió el 27 % de las dedicadas a las peras. Las condiciones económicas no han hecho más que empeorar desde 2022.
El margen entre los ingresos netos y los gastos se ha reducido considerablemente.
La mayoría de los expertos del sector hortofrutícola coinciden en que muchos productores perciben la situación actual en sus explotaciones agrícolas como algo que escapa a su control.
Por lo general, los productores saben gestionar el riesgo, pero lo que no pueden manejar es un sistema en el que el gobierno dicta los costos y los compradores concentrados fijan los precios.
Nuevas normas salariales ofrecen cierto alivio a los productores
Aunque la mano de obra agrícola plantea desafíos importantes, ha surgido un aspecto positivo. A finales del año pasado, el Departamento de Trabajo emitió una norma final provisional que estabilizó la metodología de la Tasa Salarial por Efecto Adverso (AEWR, por sus siglas en inglés), la cual determina el salario para los trabajadores del programa H-2A. Entre las actualizaciones, se incluyó la posibilidad de que los productores clasificaran a los trabajadores en dos niveles distintos.
Al momento de redactar este informe, el Departamento de Trabajo aún no había emitido la norma definitiva, aunque los expertos prevén que seguirá la línea de la norma provisional.
Este cambio permite a los productores planificar, ofrecer estructuras de remuneración reales para los trabajadores que regresan e incluso otorgar bonificaciones.
Aunque cabría suponer que los productores reducirían los salarios al mínimo posible, eso no está sucediendo, asegura. Este mecanismo de mercado incentiva a los trabajadores que regresan y, al mismo tiempo, permite a los productores ofrecer un salario inicial para los trabajadores H-2A.
Con esta norma final provisional, el Departamento de Trabajo reconoció los beneficios adicionales que los productores ofrecen a los trabajadores H-2A, tales como alojamiento, transporte, entre otros.
Si bien la tarifa mínima AEWR rondaba los $18.15 dólares para la temporada de cultivo de 2025, este año 2026 la tarifa salarial mínima para los trabajadores de nivel inicial descendió a $13.78 dólares.
Las leyes que los agricultores necesitan
La mayoría de los expertos del sector coinciden en que, si los costos de los insumos y mano de obra siguen aumentando, las explotaciones agrícolas cerrarán o trasladarán sus operaciones fuera de Estados Unidos.
La agricultura de California puede sobrevivir, pero no si los responsables políticos siguen tratando a las explotaciones como si pudieran absorber aumentos de costes ilimitados sin consecuencias».
Aunque resulta tentador pensar que la automatización y la robótica son una solución sencilla, una curva insostenible de costos salariales e inflación tiende a hacer que incluso las tecnologías de automatización imperfectas parezcan más atractivas.
El dilema fundamental radica en que los productores nacionales no pueden trasladar el aumento de los costos laborales a los consumidores.
El Congreso debe contribuir a ofrecer la certeza y previsibilidad que los productores necesitan. Explica que esto implica contar con la infraestructura necesaria para garantizar que los trabajadores lleguen a tiempo, perciban un salario realista y dispongan de las condiciones adecuadas.
Agricultores americanos señalan que no pueden competir con Canadá, donde pagan 14 dólares la hora o menos, ni con los de México, donde el costo de la mano de obra es de 20 dólares al día. Buscan un argumento económico de ¿Qué significa tener el sello de lo producido en Estados Unidos?'. Significa que quieren mantener a estos agricultores económicamente viables y capaces de competir.
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