Variedades resistentes a virus se perfilan como estrategia clave

Ante la presión de virus transmitidos por vectores

viernes, 27 de febrero de 2026

La producción de tomate, uno de los principales motores hortofrutícolas del noroeste de México, enfrenta un desafío sanitario creciente: la presión de virus transmitidos por vectores, especialmente geminivirus asociados al Tomato Yellow Leaf Curl Virus (TYLCV) y el Tomato Spotted Wilt Virus (TSWV). Estos patógenos limitan el rendimiento y la calidad de los cultivos, sobre todo en condiciones cálidas y con alta presencia de vectores como Bemisia tabaci (mosca blanca) y trips. 

Actualmente, se han detectado geminivirus en un alto porcentaje de plantas con y sin síntomas, confirmando la presencia de múltiples variantes virales en zonas productoras del país.

Las nuevas variedades híbridas de tomate están incorporando genes de resistencia específicos y las variedades con resistencia genética emergen como eje técnico para proteger rendimientos y calidad.

Amenaza

Los geminivirus, con TYLCV como uno de los de mayor impacto, reducen la producción hasta en más del 20%-30% en zonas tropicales y subtropicales cuando no se gestionan adecuadamente, debido a su eficiente transmisión por mosca blanca. Por su parte, TSWV, que no se transmite por semilla sino principalmente por trips, causa marchitez manchada y pérdidas importantes en productividad y calidad de frutos.

Frente a este panorama, el mejoramiento genético y la selección de variedades resistentes se han convertido en una herramienta fundamental del paquete tecnológico. Las nuevas variedades híbridas de tomate están incorporando genes de resistencia específicos, como los marcadores Ty para geminivirus y Sw-5 para TSWV, permitiendo a los productores obtener plantas que toleran mejor la presión viral bajo condiciones reales de campo.

Empresas semilleras y programas de investigación en México y el mundo han desarrollado híbridos con paquetes de resistencia que incluyen tolerancia a estos virus además de otros patógenos comunes. Por ejemplo, algunas variedades comerciales adaptadas a producción en ciclos de clima templado (incluyendo otoño e invierno) muestran resistencia intermedia (IR) a TSWV y algunos geminivirus, así como tolerancia a Fusarium y otros hongos del suelo, lo cual es especialmente valioso en invernaderos y mallas.

La incorporación de estas resistencias no implica que el virus desaparezca del agroecosistema, pero reduce significativamente el impacto económico al limitar síntomas severos y pérdida de rendimiento. A su vez, la utilización de marcadores moleculares para identificar genes resistentes en materiales en desarrollo acelera la selección de líneas que puedan adaptarse a las condiciones específicas de cada zona productora.

Para el ciclo Otoño-Invierno, la adopción de variedades con resistencia genética es una estrategia técnica clave para los agricultores que buscan minimizar riesgos sanitarios sin sacrificar calidad ni rendimiento. La combinación de resistencias

genéticas con manejo integrado de plagas —control de vectores, rotación de cultivos, condiciones de malla y manejo de nutrientes— se perfila como el enfoque más sólido para sostener la competitividad del tomate mexicano en los mercados frescos e industriales.


Tomate

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