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Manejo de enfermedades virales en tomate de invernadero

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Enfermedades más comunes y recomendaciones de control

Actualmente, la superficie protegida de cultivos hortícolas en México sobrepasa las 20 mil hectáreas (ha). El 60% de la superficie corresponde a invernaderos del tipo malla-sombra, el 36% corresponde a lo que se conoce como invernaderos de plástico y el 4% restante corresponde a operaciones con invernaderos de cristal, aproximadamente.

Manejo-de-enfermedades-virales-en-tomate-de-invernadero-2La distribución de este tipo de infraestructura se localiza en la mayor parte de los estados del país, siendo Sinaloa el estado que –hasta el año 2014– reportaba la mayor superficie nacional, con más del 30% de ésta ó 6,000 has, seguido por Baja California con el 16%, Estado de México con el 12% y Jalisco con el 7% de la superficie nacional.

Históricamente se consideró que la tecnología de invernaderos estaba remitida a proteger a las plantas contra el efecto de las bajas temperaturas pero el desarrollo de esta técnica de producción ahora se concentra en el ahorro de agua y en proteger la producción contra las inclemencias del clima y en proteger a las plantas contra los virus, con el objetivo de impedir físicamente la entrada de sus vectores.

No obstante, el diseño original de estos invernaderos ha consistido en proteger a los cultivos de las bajas temperaturas, con lo que se descuidó uno de los problemas que más han afectado los rendimientos –en cultivos de alto valor como tomate y chile– y se refiere a enfermedades de tipo viral u otros agentes infecciosos transmitidos por mosquita blanca, paratrioza, trips y pulgones, principalmente.

Enfermedades más comunes

Se puede mencionar que las mismas enfermedades que se presentan en hortalizas en campo o a cielo abierto, se pueden observar en invernadero. Pero sólo algunas pueden llegar a causar daños dentro de estas estructuras, como las enfermedades causadas por hongos como tizón tardío (Phytophthora infestans Mont de Bary) o la pudrición blanca de fruto (Botrytis cinerea Pers.), así como los daños causados por cenicillas o por bacterias como el cáncer bacteriano (Clavibacter michiganensis subsp. michiganensis).

Asimismo, se presentan las enfermedades causadas por virus transmitidos por áfidos, trips y mosquita blanca, o por agentes infecciosos transmitidos por Paratrioza, principalmente, y otras que se transmiten por contacto, que las describiremos a continuación.

 Virus del rizado amarillo del tomate (Tomato Yellow Leaf Curl Virus). El TYLCV es un virus del grupo de los geminivirus, que al ser transmitido por mosquita blanca (Bemisia tabaci Genn.) y hospedar dicotiledóneas, está subagrupado entre los begomovirus (virus tipo:  Bean Golden Mosaic Virus).

Este virus es originario de Oriente Medio, y es transmitido con alta eficacia por el vector, la mosquita blanca, quien lo transmite en forma persistente circulativa (no propagativa). Aunque el virus puede ser adquirido y transmitido en un periodo de 30 minutos, entre estos dos eventos, existe un periodo de latencia de cuatro a 21 horas. A partir de este tiempo, la eficiencia de transmisión se incrementa con el tiempo de adquisición o inoculación mayores a 24 horas.

Generalmente, la mosquita blanca puede transmitir el virus de cinco a 20 días, con pérdida gradual de eficiencia en la transmisión.

Los virus permanecen en el insecto durante las diferentes mudas hasta llegar a adulto, aunque no se transmite transováricamente.

Otro aspecto importante que debe señalarse –como una de las características del grupo– es la inconsistencia de su modelo de transmisión, es decir, que un día puede ser más eficiente que el siguiente.

Por fortuna, no se ha detectado transmisión por semilla.

Este virus hospeda diferentes solanáceas; sin embargo, en Sinaloa sólo se ha detectado en cultivos de tomate (Solanum lycopersicon L.) y berenjena (Solanum melongena), no así en cultivos de chile (Capsicum annuum L.) o cucurbitáceas.

Figura 1. Síntomas del Virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV) en tomate de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma característico en hojas, conocido como “chino, cuchara o encrespado”, acompañado de una clorosis. En el recuadro de la derecha se observa al vector de este virus, la mosquita blanca (Bemisia Tabaci).

Figura 1. Síntomas del Virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV) en tomate de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma característico en hojas, conocido como “chino, cuchara o encrespado”, acompañado de una clorosis. En el recuadro de la derecha se observa al vector de este virus, la mosquita blanca (Bemisia Tabaci).

Los síntomas que se presentan en plantas de tomate con virus son doblamiento de los folíolos hacia arriba, lo que da la apariencia de “cuchara”, estos son cloróticas; no obstante que la planta sigue floreando, los frutos son pequeños y no comerciables (Figura 1).

La forma de control de este begomovirus es proteger a la planta contra el vector, no obstante también existe resistencia genética en algunos híbridos comerciales de tomate de crecimiento indeterminado, tanto del tipo bola como saladette.

Este virus se ha detectado, principalmente, en Sinaloa, La Península de Yucatán y en San Luis Potosí.

• Virus huasteco del chile (Pepper Huasteco Virus o PHV). Este virus es similar al TYLCV, comparten el mismo vector –la mosquita blanca–, así como su forma de transmisión, por lo que pertenecen al mismo grupo de geminivirus, descrito como begomovirus.

Este virus fue primeramente descrito en México. No se adquiere por contacto y su transmisión en semilla de plantas no se ha detectado.

No obstante que este begomovirus es menos agresivo que el TYLCV, en cuanto al daño que causa, su diseminación es mayor si existen cultivos de chile cerca de los invernaderos, ya que este patógeno afecta a cultivos de tomate y chile, desde donde se puede diseminar, además de hospedar diferentes especies de plantas silvestres de la familia Solanaceae.

Figura 2. Síntomas del Virus huasteco del chile (PHV) en tomate tipo saladette, de crecimiento determinado. Observe el síntoma de amarillamiento en la base del foliolo de las hojas. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, la mosquita blanca (Bemisia tabasi).

Figura 2. Síntomas del Virus huasteco del chile (PHV) en tomate tipo saladette, de crecimiento determinado. Observe el síntoma de amarillamiento en la base del foliolo de las hojas. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, la mosquita blanca (Bemisia tabasi).

Los síntomas de la enfermedad en plantas de tomate, así como su vector, se pueden observar en la Figura 2.

Este virus se ha detectado en casi todas las regiones de México en donde se cultiva tomate, principalmente en Jalisco, San Luis Potosí, Michoacán, Guanajuato, Yucatán, Quintana Roo, Tamaulipas y Vera-cruz, entre otros estados.

Para este virus no se ha reportado resistencia genética, sin embargo, algunos de los híbridos reportados como tolerantes para el TYLCV pueden ofrecer una oportunidad contra el PHV.

• Virus de la marchitez manchada del tomate (Tomato Spotted Wilt Virus o TSWV). Este virus pertenece al grupo de los tospovirus, su transmisión por contacto no es eficiente y su diseminación por semilla actualmente se considera nula.

Figura 3. Síntomas del TSWV en tomate de tipo saladette, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma de bronceado o necrosis en hojas y de forma circular en fruto. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, el trips (Frankliniella occidentalis).

Figura 3. Síntomas del TSWV en tomate de tipo saladette, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma de bronceado o necrosis en hojas y de forma circular en fruto. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, el trips
(Frankliniella occidentalis).

La forma de transmisión más eficiente es por su vector –los trips–, en sus diferentes especies de trips (Trips spp., Frankliniella spp.) (Figura 3).

El virus sólo puede ser adquirido por el insecto en sus primeros estadios ninfales y no cuando es adulto, por ello es importante el control desde sus hospedantes naturales.

Los síntomas que causa en plantas de tomate se caracterizan por un bronceado o necrosis de foliolos en las hojas del tomate, combinado con una necrosis o corchocidad en el fruto –de forma circular– (Figura 3), la que es fácilmente confundida con el virus de la necrosis apical del tomate, que se describe en este artículo.

Sobre este virus se han descrito algunos híbridos de tomate –tipo bola– como tolerantes.

Este virus se ha detectado en muy baja frecuencia en Sonora y Sinaloa, y su presencia es más frecuente en Baja California, Michoacán y Guanajuato.

• Virus de la necrosis apical del tomate (Tornato Apex Necrosis Virus). Este virus fue reportado como un virus originario del estado de Sinaloa, México.

Desde el año de 1986 se tienen reportes de esta enfermedad, que inicialmente fue asociada al virus de la marchitez manchada del tomate (TSVW) o a una interacción entre dos o más virus.

Estudios posteriores sugieren una posible interacción entre diferentes virus, pero no queda clara la responsabilidad del TSWV como agente causal de esta enfermedad.

Sin embargo, desde entonces se le confundió con el TSWV, posteriormente, en dos investigaciones descritas en 1998 y 2006, se llegó a conclusiones similares, de que los síntomas de la necrosis apical y manchas anulares en el fruto de tomate era diferente al TSWV, ya que no reaccionaban serológicamente con anticuerpos comerciales (AG-DIA) para este virus, por lo que se acordó nombrarlo como “marchitez manchada no típica”.

Finalmente, en 2007 se reportó –por primera vez– la descripción genética de este virus, agrupándolo dentro de los tipos picornavirus, con lo que se confirmó que efectivamente se trataba de un virus diferente.

Este virus se ha detectado en Sinaloa y un poco en Sonora.

Figura 4. Síntomas del virus de la necrosis apical en tomate de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma de necrosis en las hojas apicales, que causan la muerte de éstas. El vector de este virus aún se desconoce; no obstante, estudios iniciales lo asocian con Trialeurodes abutilonege.

Figura 4. Síntomas del virus de la necrosis apical en tomate de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma de necrosis en las hojas apicales, que causan la muerte de éstas. El vector de este virus aún se desconoce; no obstante, estudios iniciales lo asocian con Trialeurodes abutilonege.

Los síntomas se caracterizan por una necrosis apical y un manchado anular de los frutos, que pierden completamente su calidad comercial (Figura 4), su vector aún se desconoce, aunque los primeros estudios en tomate con Trialeurodes abutilones generaron síntomas de bronceado o necrosis en foliolos de tomate.

En estudios de campo realizados en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), en el Campo Experimental Valle de Culiacán, se han reportado híbridos de tomate tolerantes a este virus.

• Enfermedad del “permanente del tomate”. Esta enfermedad fue descrita en el año de 1984, cuando afectó el cultivo de tomate en el estado de Guanajuato, México.

No se tiene claro cuál es su agente causal, los estudios moleculares iniciales indican que se trata de un organismo tipo bacteria no cultivable, la que está asociada como vector a paratrioza (Bactericera cockerelli Sulc).

Este patógeno no se transmite mecánicamente o por semilla, su diseminación por el insecto es circulativa –lo puede transmitir en un tiempo de 24 horas–; el proceso de transmisión se logra con 30 minutos de adquisición del patógeno; a partir de la planta enferma, de 12 a 24 horas de incubación y 30 minutos para la transmisión a planta sana.

Los síntomas se caracterizan por un enrollamiento de las hojas inferiores en forma de “taco”, las que, además, se tornan quebradizas y “crujientes”.

Los foliolos apicales son lanceolados, presentan una clorosis y un color morado en los márgenes, la planta es chaparra y tiene una necrosis en la flor, lo que causa su aborto, eventualmente se observa una sobrebrotación de yemas, en estas ramas hay emergencia de flores y su polinización es normal; sin embargo, los frutos son muy pequeños y, por lo tanto, no comerciables.

Figura 5. Síntomas del “permanente en tomate” de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma en hojas, en donde los foliolos se doblan hacia abajo, asociado con una clorosis, las hojas son quebradizas y la flor es abortada. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, la paratrioza (Bactericera cockerelli).

Figura 5. Síntomas del “permanente en tomate” de tipo bola, de crecimiento indeterminado. Observe el síntoma en hojas, en donde los foliolos se doblan hacia abajo, asociado con una clorosis, las hojas son quebradizas y la flor es abortada. En el recuadro de la derecha se presenta al vector de este virus, la paratrioza
(Bactericera cockerelli).

Finalmente, la planta se torna de un color amarillento (Figura 5). La enfermedad se ha encontrado en Baja California, Jalisco, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Querétaro y La Laguna. En Sinaloa ya se detectó su presencia en tomate.

• Virus mosaico del pepino (Cucumber Mosaic Virus o CMV). Este es uno de los primeros virus reportados en México que afectaron cultivos hortícolas.

El virus se transmite fácilmente por contacto de planta a planta y en forma no persistente por más de 60 especies de áfidos, principalmente Aphis gossypii y Myzuz persicae.

Algunos investigadores han reportado transmisión por semilla en chile.

Su forma de transmisión por vector requiere segundos, de tal manera que en uno o dos minutos puede desarrollar el proceso de diseminación de planta a planta.

Debido a que los áfidos o pulgones son sus vectores –que no son muy atraídos por el tomate– su presencia no es muy común en México, no obstante, cuando se le ha detectado en invernaderos, su incidencia es muy alta, por su alta eficiencia de diseminación. A este tipo de virus se les debe de detectar a tiempo.

Su presencia está en todo el país, ya que su vector –los pulgones– son cosmopolitas.

Este es uno de los pocos virus que además de infectar cucurbitáceas, infectan a cultivos de tomate y otras solanáceas.

Los síntomas se caracterizan por una deformación del foliolo, que le da a la hoja una apariencia de “mano de chango” o “mal de agujetas”.

La planta deja de crecer y los frutos son pequeños, por lo que no tienen valor comercial.

Figura 6. Síntomas del virus mosaico del pepino en tomate de tipo bola, de crecimiento determinado. Observe el síntoma característico de la deformación y “ahilamiento” de hojas, conocido como “mano de chango”. En el recuadro de la derecha se presenta un pulgón, el vector de este virus.

Figura 6. Síntomas del virus mosaico del pepino en tomate de tipo bola, de crecimiento determinado. Observe el síntoma característico de la deformación y “ahilamiento” de hojas, conocido como “mano de chango”. En el recuadro de la derecha se presenta un pulgón, el vector de este virus.

Manejo de enfermedades virales

Conceptualmente, en agricultura protegida no deberían de existir problemas de enfermedades causadas por virus, ya que la estructura física del invernadero representa una barrera para la introducción de la principal fuente de diseminación, que son los insectos.

Sin embargo, frecuentemente se presentan eventos como vientos fuertes u otros factores que llegan a dañar las mallas, el plástico o –en su caso– roturas de cristales, que facilitan la entrada de estos insectos, que son atraídos por las temperaturas que desde estas fallas son detectadas por los vectores que se encuentran hospedando plantas silvestres aledañas a los invernaderos.

Esta situación se incrementa por diferentes creencias que se manejan en esta actividad, como son que los insectos no vuelan más allá de 3 metros de altura, por lo que no se introducen a través de las ventanas cenitales; que el invernadero está protegido con mallas antiáfidos o que en el invernadero las condiciones climáticas son tan adecuadas para las plantas que resisten al daño del virus.

Estas creencias han causado bastante daño a la horticultura protegida en México, por carecer de precisión científica y práctica, ya que se han detectado vectores hasta mil 500 metros de altura, por lo tanto, no tienen problema para penetrar por las ventanas cenitales.

Por otro lado, las mallas que se colocan en invernaderos tienen diferentes calibres, por lo que deberá de seleccionarse el que impide la entrada del vector, como son las de calibre 10X20 ó 20X20, para mosquita blanca, pulgones o paratrioza.

Hasta donde se conoce, sólo las plantas genéticamente resistentes a un determinado virus llegan a producir sin problemas, aun y cuando ésta sea infectada.

A continuación, se describen algunos puntos importantes par el control de este tipo de enfermedades.

 Muestreo y monitoreo de vectores. Para proteger a la planta del vector, es importante conocer los meses en que éste se presenta en mayores poblaciones, sobre todo es importante localizar sitios aledaños a los invernaderos, en donde se cultiven especies hospedantes de mosquita blanca, como cucurbitáceas o solanáceas, así como especies silvestres, aun y cuando éstas se localicen a kilómetros de distancia y, sobre todo, si se encuentran en sentido de los vientos dominantes.

Por ello, se sugiere el uso de plantas-barrera como maíz o sorgo y mantener un monitoreo constante durante el año, de éstos y otros insectos vectores, como se verá más adelante en el caso de otros virus.

Figura 7. El monitoreo de los insectos vectores de virus es fundamental dentro de los invernaderos. Se recomienda el empleo de trampas amarillas (6X8 pulgadas cuadradas), colocadas a la altura de las plantas en cada punto cardinal, en el centro y frente a las puertas de acceso del invernadero.

Figura 7. El monitoreo de los insectos vectores de virus es fundamental dentro de los invernaderos. Se recomienda el empleo de trampas amarillas (6X8 pulgadas cuadradas), colocadas a la altura de las plantas en cada punto cardinal, en el centro y frente a las puertas de acceso del invernadero.

Este monitoreo se puede lograr al colocar trampas amarillas de 6X8 pulgadas cuadradas (Figura 7), impregnadas con pegamento, para que ahí se haga el conteo de insectos en forma semanal (de una a dos veces por semana), lo que representa una forma de medir la presión del vector.

Es recomendable usar –al menos– dos trampas por cada punto cardinal, alrededor del área de invernaderos.

 Contaminación en vivero o invernadero. La temperatura cálida de los invernaderos atrae a estos insectos, una vez que es detectada por éste, el gradiente de temperatura representa la guía para que se dirija hacia el interior, lo que se puede originar por:

Apertura de puertas en las horas más calientes del día, así como la orientación de éstas en sentido del viento dominante.

Daños en el plástico o malla.

Mallas con calibres menores de 10X20.

Por no tener cuidado al introducir las plántulas para trasplante (Figura 8).

Manejo-de-enfermedades-virales-en-tomate-de-invernadero-10En el caso de la apertura de puertas es común que no se respeten horarios de ingreso ni salida.

En las horas de más alta temperatura del día, el riesgo se incrementa, sobre todo por el ingreso de maquinaria para extraer desechos de plantas o cosecha.

Otra forma de contaminación ocurre al trasladar las plántulas del vivero al invernadero, si éstas no van bien cubiertas es común que sean infestadas por el vector y si éste se encuentra virulífero (que puede transmitir virus), entonces observaremos la presencia de plantas enfermas en etapas vegetativas dentro del invernadero, que no producirán frutos y servirán como fuente de inóculo para el resto de las plantas ahí establecidas.

Recomendaciones generales para el control de virus

Evitar la entrada de vectores, en verano principalmente. Esto se puede lograr por:

Eliminar las mallas rotas y sustituirlas por nuevas, la malla deberá ser de un calibre 10X20 (Figura 8).

Mantener un cuidado extremo en la producción de la plántula, donde quiera que ésta se produzca.

Continuar con el cuidado de las puertas y con la colocación de trampas amarillas pegajosas.

Establecer el monitoreo de insectos vectores en las áreas circundantes a los invernaderos y establecer un sistema de alerta cuando se detecten poblaciones de éstos.

Colocar barreras de sorgo o maíz alrededor del área de invernaderos y mantener ésta protegida con insecticidas sistémicos durante todo el ciclo en drench, en los sistemas de fertirriego o foliarmente.

Mantener las áreas circundantes a los invernaderos limpias, con la menor presencia de plantas silvestres hospedantes, entre éstas todas las solanáceas, cucurbitáceas o leguminosas que normalmente son hospedantes del geminivirus (solanáceas) o del vector (solanáceas, cucurbitáceas y leguminosas).

Dentro del invernadero, eliminar plantas enfermas, que manifiesten los síntomas de la enfermedad. Los síntomas iniciales se pueden presentar después de 10 días de que se detecten los primeros vectores.

Establecer un sistema de control biológico, biorracional y convencional (químico sintético) dentro del invernadero, como se explicó en el tema correspondiente.

Diseñar la colocación de las puertas en sentido contrario del viento dominante.

Diseñar el complejo de invernaderos en una forma integral (oficinas, empaque, comedor, baños, vivero de plántulas, producción, bodega de insumos, etcétera), de tal manera que exista una sola puerta de entrada al complejo (por las oficinas) y otra puerta por donde salga la producción empacada o basura, ingreso de insumos, etcétera.  HC

José Antonio Garzón Tiznado, Cuauhtémoc Reyes Moreno
Universidad Autónoma de Sinaloa Facultad de Ciencias Químico-Biológicas. Doctorado Regional en Biotecnología

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