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Control actual y perspectivas de mosquita blanca en tomate

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Uno de los problemas fitosanitarios de mayor connotación en los últimos 15 años es la afectación causada en diversos cultivos por las grandes poblaciones de mosca blanca Bemisia tabaci Gennadius (Hemiptera, Aleyrodidae)

La aparición de Bemisia tabaci, como nueva plaga de importancia económica en los años 70, estuvo asociada al uso irracional de los primeros insecticidas introducidos en América Latina. Las altas poblaciones de este insecto comenzaron a transmitir virus de las plantas no cultivadas a las cultivadas.

Cultivo de tomate dañado por Virus del Rizado Amarillo de la Hoja de Tomate (TYLCV, por sus siglas en inglé

Cultivo de tomate dañado por Virus del Rizado Amarillo de la Hoja de Tomate (TYLCV, por sus siglas en inglé

Actualmente se tiene documentado que existen más de 900 plantas que funcionan como hospederas de mosca blanca, y que la plaga puede transmitir más de 111 especies de virus, principalmente begomovirus, de los que destacan el Virus del Rizado Amarillo de la Hoja de Tomate (TYLCV, por sus siglas en inglés) y el Virus del Mosaico Dorado Amarillo del Frijol (BGYMV, por sus siglas en inglés).

Bemisia tabaci es sumamente eficaz en la transmisión de virus; un solo individuo puede infestar el 100% de las plantas cultivadas.

Durante las últimas tres décadas, diversos estudios han demostrado que a excepción de la Antártica, la mosca blanca se encuentra distribuida en todos los continentes, por lo que constituye la plaga primaria en cultivos de chile (Capsicum spp.), calabacita (Cucurbita pepo L.) y tomate (Lycopersicum esculentum Mili.).

Biología de la mosca blanca

Los adultos de Bemisia tabaci depositan sus huevos en el envés de las hojas, dispuestos de forma vertical; al momento de ser expulsados por la hembra, los huevos son de color blanco, posteriormente se tornan marrones.

Cuando el huevo eclosiona, la larva se mueve sobre la hoja en busca de un sitio dónde insertar su estilete para absorber savia. Al momento en que la larva encuentra el área apropiada muda y pasa a la segunda fase, sus patas se contraen debajo de su cuerpo y permanece el resto de su etapa inmadura en ese lugar, donde aumenta de tamaño.

El cuarto estadio se conoce como pupa (fase en la que su alimentación no se detiene); en este instar se desarrollan sus ojos, que adquieren un tono rojizo.

Se ha documentado que este insecto puede completar una generación en aproximadamente 20 días; si se considera que una hembra adulta tiene la capacidad de depositar más de 200 huevos durante su vida, se explica la explosión de las poblaciones de este insecto en muy poco tiempo.

Biotipos

Desde la aparición de la mosca blanca en 1970, como plaga prácticamente incontrolable, por la amplia gama de plantas que afecta (ya sean cultivables o malas hierbas), se han realizado numerosas investigaciones sobre su clasificación.

Bemisia tabaci se considera como un complejo de especies con gran número de biotipos o razas y dos especies descritas; actualmente se han identificado 20 biotipos (del A al T), mientras que las especies descritas son Bemisia tabaci y Bemisia argentifolii o biotipo B (Bellows y Perring).

A finales de la década de los 80, en Estados Unidos se inició el debate sobre dos razas (biotipos) de Bemisia tabaci: la raza B (conocida también como raza Florida o raza poinsettia), que se detectó por primera vez en Florida, Estados Unidos; y la raza más vieja, llamada Bemisia tabaci, nombrada posteriormente biotipo A.

Estas dos razas se diferencian en cuanto a la gama de plantas hospederas que afectan, y por los daños que en ellas causan. Se considera al biotipo B como una nueva especie, pero referido como el biotipo B de Bemisia tabaci.

Resistencia del biotipo Q

De los biotipos conocidos de Bemisia, los dos más devastadores son B y Q. Al compararlos, el biotipo Q es menos susceptible a plaguicidas, lo que significa que hay menos opciones químicas para controlarla, además de que desarrolla rápidamente resistencia a los productos que tienen efecto sobre él.

Al biotipo Q se le concibe como cepa endógena de la región mediterránea.

El biotipo Q se puede caracterizar como virtualmente inmune al IGR pyriproxyfeno, baja susceptibilidad al IGR buprofezino y con susceptibilidad reducida a los insecticidas neonicotinoides Imidacloprid, Ace-tamiprid y Thimethoxam. En España se han reportado poblaciones de biotipo Q con resistencia a insecticidas neonicotinoides.

Para garantizar un control efectivo de Bemisia tabaci resulta imprescindible una correcta identificación de los biotipos presentes, lo que se logra mediante la presencia de reacciones fitotóxicas específicas, marcadores de esterasas, marcadores de ácido desoxirribonucleico (como los RAPD-PCR y RFLP), microsatélites, AFLP y algunas secuencias (como el gen de la citocromo oxidasa I mitocondrial [mtCOI], ADN mitocondrial 16S e ITS de ADN).

Los marcadores moleculares están basados en la secuencia de ADN, y poseen la ventaja de ser más confiables, reproducibles, precisos y son capaces de detectar pequeñas variaciones en el genoma. Estas pruebas son de alta tecnología, requieren personal especializado para su realización, y los reactivos necesarios son costosos.

En México, el biotipo Q ya ha sido localizado en el estado de Sonora, y se teme que haya sido introducido a Sinaloa, por lo que se realizan los estudios correspondientes para corroborar su presencia.

Una vez que se registren los biotipos de Bemisia tabaci en los campos agrícolas sinaloenses se estará en condiciones de establecer un sistema de control para mosca blanca, por lo que urge el uso de estrategias ecológicas y económicamente viables para el productor, que resulten efectivas en el control de la plaga.

Ante esta situación, los enemigos naturales, en combinación con insecticidas, juegan un rol importante en el control del biotipo Q.

Control biológico de Bemisia tabaci

El control biológico es una alternativa que se ha investigado en diversas regiones del mundo, demostrando que puede constituir un componente importante dentro del manejo integrado de plagas; combina la liberación de entomófagos y la aplicación de productos biológicos elaborados a base de microorganismos entomopa-tógenos.

Cutlivo de tomate dañado por bemisia tabaci

Cutlivo de tomate dañado por bemisia tabaci

Para que los agentes de control biológico puedan actuar es necesario que los agricultores estén conscientes sobre la necesidad de emplear adecuadamente los insecticidas, así como proporcionar las condiciones ambientales necesarias para la conservación de agentes de control biológico.

El control biológico se sustenta en la utilización de organismos vivos que requieren cierto tiempo para su multiplicación. Los agricultores se cuestionan su factibilidad porque presentan una menor efectividad inicial durante su aplicación y/o liberación, en comparación con los plaguicidas químicos; así como por la incertidumbre sobre la relación costo-beneficio que se obtendrá.

Ante estos cuestionamientos es importante mencionar que aun cuando los insecticidas químicos actúan rápidamente contra la plaga, su uso continuado es lo que mantiene elevada las poblaciones de mosca blanca. También se debe subrayar que al utilizar insecticidas sistémicos de menor impacto ambiental y biológico existe una tendencia a reducir el número de productos y de aplicaciones, lo que contribuye a que bajen los costos de producción.

La principal ventaja del control biológico es que es un método que no daña el medio ambiente; así como el hecho de que no afecta la salud de los agricultores ni la de los consumidores, esto al no dejar residuos tóxicos en las cosechas; otra cualidad de esta técnica es que con el tiempo ayuda a reducir la presencia de plagas.

El objetivo final del control biológico es lograr que los organismos que se empleen para combatir una plaga se establezcan permanentemente en los sistemas de producción, para esto es necesario el conocimiento y adopción de las prácticas agronómicas y del manejo de su habitat.

Para conseguir lo anterior, lo ideal sería la producción local de controladores biológicos, con lo que se facilitaría un manejo con cepas de entomopatógenos y ecotipos de entomófagos mejor adaptados a las condiciones agroecológicas locales y con mayor posibilidad de establecerse en los agroecosistemas.

En cultivos con susceptibilidad marcada a virus transmitidos por moscas blancas, el control biológico no puede ser utilizado como primera estrategia de control, en estos casos ni el control químico logra minimizar la incidencia de virus ni evitar pérdidas cuantiosas. En estas situaciones es importante adoptar medidas culturales que eviten el contacto de la mosca con el cultivo susceptible, fundamentalmente en la etapa inicial de crecimiento y desarrollo de plantas.

En los sistemas agrícolas que manejen variedades de hortalizas con ciertos grados de resistencia o tolerancia a los virus transmitidos por Bemisia tabaci, al utilizar un agente de control biológico que reduzca las poblaciones del insecto vector, se reducirá significativamente la incidencia de la enfermedad.

Principales controladores biológicos

Los organismos que se emplean como controladores biológicos de Bemisia tabaci, en los sistemas de producción, se agrupan según sus hábitos y relaciones con las moscas blancas.

  • Depredadores. Insectos o arácnidos que comen y chupan los estados inmaduros de la plaga. Dentro de este grupo se encuentra la cata-rinita (Coleoptera: coccinelidae), crisopas (Neuropteras: Chrysopidae), chinches (Hemiptera: Miridae) y arañas (Aranneae: Theridulidae).
  • Parasitoides. Son insectos cuyos adultos depositan sus huevos debajo o dentro de las larvas de las moscas blancas, se desarrollan en su interior hasta causarles la muerte. Ejemplos: avispitas (Hymenop-tera: Aphelinidae).
  • Parásitos. Principalmente son nematodos18 asociados a bacterias (parásitos patógenos) que buscan e infestan velozmente al hospedero, y se reproducen rápidamente. Los estadios juveniles penetran en el cuerpo de la larva de la mosca blanca por el ano o los espiráculos para liberar la bacteria Xenorhabdus, que se multiplica y provoca la muerte del insecto por infección en la sangre, de 48 a 72 horas.

El nematodo actúa preferiblemente sobre los estados inmaduros de la mosca blanca, por lo que se recomienda su aplicación desde el momento de la puesta de los huevos hasta el desarrollo de las larvas. Son ejemplos de parásitos Heterorhabditis sp. y Steinernema sp.

  • Patógenos. Los hongos entomopatógenos penetran en la superficie del cuerpo de los adultos y larvas de mosca blanca, los matan e invaden su interior hasta que las condiciones ambientales (elevada humedad relativa) sean favorables para que emerjan y completen su desarrollo. Ejemplos: Verticillium, Beauveria y Paeciolomyces.

Formas de emplear los controladores biológicos

La estrategia a utilizar para el empleo de control biológico varía en dependencia de los sistemas agrícolas y de la factibilidad de adquirir los controladores biológicos.

  • Liberación de entomófagos. Las liberaciones pueden ser “inoculativas” (en pequeñas cantidades para que se establezcan) e “inundativas” (grandes cantidades para lograr un control inmediato de la plaga), de parasitoides y depredadores; también se pueden combinar varios entomófagos. Generalmente se deben aplicar alrededor de los campos, antes de realizar el trasplante, para que se establezcan durante todo el desarrollo del cultivo.
  • Aplicaciones de bioplaguicidas. Se pueden realizar aplicaciones inundativas de los hongos entomopa-tógenos, de entomonematodos o mezclas de ellos. Es conveniente que se apliquen en los campos agrícolas cuando comience la ovoposición de huevos de mosca blanca, así como durante todo el desarrollo del cultivo. También se pueden emplear aplicaciones inoculativas de hongos entomopatógenos en las etapas finales del cultivo.
  • Conservación de enemigos naturales. Este aspecto es el de mayor importancia, porque permite apreciar el éxito del trabajo. Consiste en proteger la actividad reguladora y favorecer el desarrollo de enemigos naturales que habitan en el sistema de producción, así como los controladores biológicos que se liberan o aplican. Esta actividad debe realizarse durante todo el ciclo del cultivo.

Para los sistemas de cultivo intensivo (ya sea protegido o a campo abierto) existen limitantes para la conservación de enemigos naturales y de controladores biológicos liberados o aplicados, debido a que estos sistemas tienen altas tecnologías que hacen que esta actividad biológica se vea un poco limitada.

Liberación de entomófagos

Las liberaciones se pueden realizar de forma inoculativa o inundativa, lo que está relacionado estrechamente con las características del entomófago y la disponibilidad existente del mismo, la fase fenológica del cultivo y las poblaciones de mosca blanca.

Para ilustrar lo anterior pondremos como ejemplo que si se tienen crisópidos (que son depredadores generalistas que se emplean sobre varias plagas agrícolas, por lo que sus aplicaciones en el campo pueden tener efectos positivos), es importante resaltar que estos sólo actúan sobre los estados inmaduros de la mosca blanca, por lo que es recomendable que se liberen cuando las poblaciones de la plaga se encuentren en ese estadio.

Los parasitoides del género Encarsia parasitan preferiblemente el segundo y tercer estadios de la mosca blanca, por lo que las aplicaciones deben realizarse cuando exista presencia de estos estados inmaduros, para lograr mayor efectividad.

Aplicación de hongos entomopatógenos

Es importante resaltar que la eficacia de las aplicaciones de hongos entomopatógenos varía en dependencia de los estados que presente la mosca al momento en que se le emplee, así como de las cepas utilizadas de cada hongo y de las condiciones climáticas.

Para lograr una adecuada eficacia de la aplicación de insecticidas biológicos es necesario que estos cumplan con los siguientes requerimientos de calidad:

  • Concentración 109 conidios20 por mililitro Pureza de 100%
  • Virulencia de 95%
  • Viabilidad de 97%

La dosis empleada en el campo debe estar en el rango de 1012 a 1015 conidios por hectárea, para esto se debe obtener una concentración no menor a 107 en la solución final.

Para que la aplicación de insecticidas biológicos tenga éxito deben existir condiciones ambientales favorables, con temperaturas medias entre 20 y 25°C, así como humedad relativamente alta, de 80 a 90%. Las aplicaciones deben realizarse preferiblemente por la tarde, después de las 4:00 pm, con lo que se garantizará que seguido de la aplicación las condiciones ambientales sean favorables para la germinación de esporas.

Los hongos con mayores efectos probados para el control de la mosca blanca son Verticillium lecannii, Paeciolomyces fumosoroseus y Beauveria bassiana.

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Efectos de entomonematodos

Para conseguir una elevada eficacia de la aplicación de los nematodos y su persistencia es necesario realizar aplicaciones inundativas con altas concentraciones, con lo que se logra que suficientes nematodos realicen contacto con la mosca blanca. Se pueden aplicar otros biopla-guicidas, e incluso mezclarlos con Beauveria bassiana y Bacillus thurigiensis, lo que incrementaría su eficacia.

Estas aplicaciones deben realizarse en horas de la tarde, después de regar. Es importante mencionar que el equipo que se utilice para aplicar productos biológicos, sólo debe tener este uso, es decir, se debe evitar emplearlo para químicos; además de que debe estar en continuo movimiento para evitar que los nematodos se depositen en el fondo del tanque, con lo que se obtendría una aspersión de controladores insuficiente.

Incompatibilidad de los controladores biológicos

Debido al efecto tóxico de los plaguicidas químicos sintéticos sobre los entomófagos, se recomienda no realizar aplicaciones foliares de estos productos cuando recién se hayan aplicado controladores biológicos.

Se han realizado investigaciones que demuestran que el tiempo mínimo que se debe esperar entre una liberación de entomófagos y una aplicación de plaguicidas debe ser de por lo menos seis días, aunque esto puede variar en dependencia de las condiciones ambientales, así como de las características del fungicida o insecticida a aplicar.

Sobre el hongo Verticillium lecannii actúan algunos plaguicidas utilizados en la estrategia de control de enfermedades de diferentes cultivos hospedantes de la mosca blanca; por ejemplo, los plaguicidas Benomyl, Difenoconazol, Dimentoato y Propacloro son tóxicos; Zineb, Marcozeb y Tiran se catalogan como moderadamente tóxicos; mientras que Metalaxyl, Metamidorfos, Trifluralin, Metribuzin y Napropanida se consideran ligeramente tóxicos. Por su parte, Endosulfan y Difenamida son inofensivos.

Aunque se conoce que los bioplaguicidas son menos agresivos que los plaguicidas químicos, también es necesario tomar ciertas precauciones antes de aplicarlos, debido a que estudios realizados han demostrado que pueden existir efectos secundarios negativos entre las aplicaciones de bioplaguicidas y la actividad de los entomófagos.

Conclusiones

Es importante resaltar que el control biológico por sí solo no resuelve el problema de la incidencia de mosca blanca-begomovirus, sin embargo realiza una importante contribución cuando se incluye en el manejo integral de plagas.

Por otra parte, no deben obviarse las posibles incompatibilidades que pueden ocurrir entre los controladores biológicos con otras prácticas que se realizan en los cultivos.

Se debe tener en cuenta que los controladores biológicos son organismos vivos que se multiplican y liberan en los campos, donde requieren protección y condiciones favorables para su desarrollo.

Si existe una fuerte incidencia de la plaga, los agricultores deben apoyarse, además del control biológico, en otras estrategias (como manejo de fecha de siembra, uso de variedades resistentes e insecticidas químicos sistémicos en el primer mes de crecimiento del cultivo).  HC

Bailen Amador Irure,
Dagoberto Mederos Maderos,
Universidad Agraria de La Habana, Facultad de Agronomía, San José de las Lajas, La Habana, Cuba
Miguel López Meza
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Agronomía,
Culiacán, Sinaloa, México