Noticias Recientes

Contáctanos:

Email
[email protected]

Teléfono
+52 (55) 5669-4540

Dirección
Indianápolis #70, Col. Nápoles Distrito Federal, MX – C.P. 03810

Síguenos:

Cómo proteger los cultivos del calor

Efectos de las altas temperaturas sobre las plantas y claves para prevenir y superar el estrés térmico

Los periodos de calor extremo pueden causar distintos efectos adversos en los cultivos hortícolas, incluso dañar a la planta y al fruto, o bien disminuir rendimientos y calidad. Además de posibles fisiopatías, las altas temperaturas producen un aumento de plagas en determinados cultivos. ¿Cómo afrontar esta situación?

Las plantas tienen una gran capacidad de adaptación a cambios externos, pero siempre existen límites. Por encima de los 40 grados, como se han presentado temperaturas en diversas regiones de México este verano, la actividad del vegetal decrece e incluso se empiezan a destruir tejidos enzimáticos. Y es que las variaciones drásticas de temperatura pueden afectar a la morfología, la anatomía, la bioquímica y la fenología del vegetal.

POSIBLES CONSECUENCIAS

Estrés hídrico

El daño causado por elevadas temperaturas está comúnmente asociado con el estrés hídrico. El sistema radicular no es capaz de suministrar a las hojas el agua necesaria para la transpiración, las hojas cierran sus estomas intentando conservar agua, detienen la evaporación y reducen el beneficioso efecto de enfriamiento, así como su crecimiento. Es por ello que en la medida en que las plantas puedan transpirar libremente también podrán hacer frente a las altas temperaturas.

Problemas en la fotosíntesis

A medida que aumenta la temperatura aumenta la actividad fotosintética de la planta. A partir de los 33 grados centígrados, según cada cultivo, decrece el desarrollo de la planta por destrucción de sus sistemas enzimáticos. La planta gasta más energía de la que ingresa para hacer sus funciones fisiológicas.

Marchitamiento

La transpiración acentuada por altas temperaturas puede producir un marchitamiento temporal que puede llevar a la muerte de la planta. Al tener que consumir sus propias sustancias de reserva se puede llegar a la muerte por inanición.

Las altas temperaturas producen, en esta línea, alteraciones en las funciones fisiológicas. Por ejemplo, se eliminan con mayor dificultad los productos finales metabólicos, pudiendo provocar el autoenvejecimiento de las células. Por tanto, se puede dar el atabacado y necrosis de hojas y brotes y, como consecuencia, la defoliación.

Color y calidad de los frutos

Los frutos de los árboles, sobre todo a partir de que toman su color característico, son muy sensibles a temperaturas elevadas. Por encima de los 35-40 grados es frecuente el ablandamiento y oscurecimiento de su interior. En otros casos provoca lesiones en la epidermis en forma de manchas o llagas, que se suberifican, afeando y depreciando la fruta.

Cuando el golpe de calor coincide con la maduración se puede producir una caída masiva de fruta por formación precoz de la capa de abscisión en los pedúnculos.

En tomates, por ejemplo, el calor afecta tanto a la duración como al color del fruto, pues en la formación de pigmentos influye mucho la temperatura. Es recomendable que esté por debajo de 28 grados para que no se produzca decoloración.

En el caso de las uvas, una subida brusca de las temperaturas se manifiesta en forma de quemaduras en las hojas y partes tiernas de los brotes, y en el enrojecimiento del fruto.

Quemaduras

La alta intensidad de la luz y el calor pueden incidir en la destrucción de la clorofila en las hojas. Las hojas de la parte soleada de la planta o aquellas que reciben una alta temperatura pueden exhibir muerte del tejido en sus márgenes o en áreas grandes entre las venas. Asimismo, pueden quemar y matar el cambium (capa de células que crece justo debajo de la corteza) de los árboles de corteza delgada y los trasplantados o podados recientemente. Estas condiciones predisponen al área dañada al ataque de hongos.

Más vulnerables a la necrosis apical

La necrosis apical está asociada a la falta de calcio. Ante una situación de altas temperaturas y una elevada transpiración, el calcio, que se mueve en la planta con el flujo de agua, se desplaza hacia las zonas de mayor transpiración, las hojas, y no hacia los frutos, de forma que se produce una deficiencia de este elemento en estos últimos.

Alerta con las plagas

En condiciones desfavorables de estrés la capacidad de respuesta de la planta es menor.

Hay ciertas plagas que aparecen en condiciones de sequía y calor. Así, las altas temperaturas pueden producir un aumento de plagas como la araña roja, además de un descenso drástico de la población de los agentes auxiliares que controlan sobre todo a los ácaros.

Acciones correctoras y preventivas

La prevención más básica consiste en aumentar la frecuencia de los riegos o recurrir a técnicas como la nebulización o el sombreado en los invernaderos. Se recomienda aumentar la frecuencia de riegos con pequeñas dotaciones de agua en las horas de máximo calor, o bien un riego más copioso en las calles del cultivo para amortiguar el efecto térmico.

La nutrición y la bioestimulación también son esenciales para superar con éxito las situaciones de calor extremo. Los productos que ejercen como agente osmótico del citoplasma celular del vegetal suponen una gran ayuda para abrir los estomas y regular el balance hídrico de la planta. En esta dirección actúa el bioestimulante Kynetic4 que, además, interviene en la formación de clorofila y provoca un aumento adicional de la fotosíntesis. También influye en los mecanismos de fortalecimiento de las paredes celulares del vegetal ayudando a reconstruir los tejidos. También aporta glicina, un osmoprotector que equilibra el intercambio de agua entre la planta y el medio. Éste es el principal aminoácido con acción quelante y el mayor pilar estructural de la clorofila y los citocromos, participa en los sistemas de resistencia de la planta junto con la lisina e interviene además en la síntesis de las porfirinas, en la formación del tejido foliar, en la polinización y la fecundación.

Para atajar el problema de la necrosis apical, que se puede acentuar con las altas temperaturas y que se da principalmente en tomate y pimiento, se puede recurrir al suministro de calcio mediante fertilizantes especializados solubles.

Contra las posibles plagas, además del riego, que logra un aumento de humedad ambiental haciendo descender la temperatura y favoreciendo la actividad de los insectos auxiliares, se puede recurrir a insecticidas químicos o naturales. Su aplicación produce alteraciones inmediatas en la transmisión del impulso nervioso del insecto. Existen varios insecticidas naturales con un excelente control por contacto de los insectos de caparazón blando en todos sus estados de desarrollo (pulgones, cochinillas, moscas blancas o ácaros).

Una fertilización oportuna y el empleo de bioestimulantes que fortalezcan el cultivo favorecerá la resistencia natural de las plantas a plagas y enfermedades. HC