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Medidas alternas para el manejo de insectos vectores de virus en hortalizas

Importante conocer la clasificación y forma de la transmisión de los virus

Las enfermedades de origen viral representan en la actualidad uno de los retos más serios e importantes en los sistemas de producción de las plantas cultivadas en México y el mundo. Estas enfermedades causan daños importantes que en algunos lotes afectan el 100% de la superficie de cultivo, a pesar de los avances que en los últimos años se ha tenido en su estudio y control.

Las enfermedades virales reducen el rendimiento y la calidad de los cultivos hortícolas, en solanáceas (chile, tomate, papa, berenjena), en cucurbitáceas (melón, sandía, calabacita, pepino), leguminosas (frijol, haba), cereales (maíz, sorgo), etcétera. La transmisión de los virus fitopatógenos se lleva a cabo de diferentes formas: por semilla, en forma mecánica, por vectores (insectos, nematodos, ácaros, etcétera). En el reino animal existen 386 especies con capacidad de transmitir virus fitopatógenos, el 94% son artrópodos, 356 insectos, dos ácaros y el resto son nematodos; 273, el 75.4% de los insectos vectores pertenecen al orden Homoptera, 214 especies se encuentran en el suborden Sternorincha y 59 en el Auchenoryncha.

Desafortunadamente no se dispone de productos químicos viricidas para combatir a estos patógenos, por lo tanto, es necesario diseñar un programa preventivo para el manejo de la enfermedad, desde antes del establecimiento del cultivo, o más bien desde el momento mismo en que se toma la decisión de establecer el cultivo, seleccionando las estrategias a implementar de acuerdo al tipo de virus de que se trate, aunque en la naturaleza los virus fitopatógenos ocurren de manera mezclada, formando un complejo. La prevención es la estrategia más importante para el control de las plagas agrícolas (insectos nocivos, enfermedades, maleza, etc.), cuando no se diseña un programa para el Manejo Integrado de Plagas (MIP), estamos destinados a recurrir a la medida que se supone debe emplearse en última instancia: el control químico. Sin embargo, es común que la mayoría de los productores plantean el problema viral de sus cultivos cuando se aprecian los síntomas prominentes de la enfermedad.

El intento de combatir las enfermedades virales asperjando insecticidas químico sintéticos para el control de insectos vectores, es una medida muy poco afortunada, pues es sólo recomendable cuando se trata de virus tipo circulativo o persistente. En contraste, la contaminación por la aplicación excesiva de plaguicidas afecta negativamente de diferentes maneras: la salud del humano (anemia plástica, leucemia, cáncer, toxicidad aguda, etc.), la eliminación de la fauna benéfica en los cultivos, selección de organismos resistentes a los plaguicidas, etc.

Actualmente los países importadores de productos agrícolas, los consumidores y la sociedad entera está demandando productos sanos, que no estén contaminados con agroquímicos convencionales y específicamente con plaguicidas de síntesis química.

En este documento se abordarán los aspectos relacionados con las medidas o estrategias alternativas, no convencionales, para el manejo de homópteros que transmiten enfermedades virales, pero no hay que olvidar que estos insectos representan una parte de sólo una de las formas en que estos fitopatógenos son transmitidos.

Clasificación y formas de transmisión de los virus fítopatógenos

Hojas en desarrollo afectadas por el virus chino del tomate

La clasificación más sencilla de los virus que afectan a las plantas, se da de acuerdo con su capacidad de transmisión mecánica: existen los grupos de virus que presentan transmisión mecánica positiva; generalmente producen mosaicos, se multiplican en el parénquima de las hojas y se trasmiten de manera no persistente por áfidos, por ejemplo los virus del mosaico del pepino, del mosaico de la sandía, del jaspeado del tabaco y el virus x de la papa (los últimos dos no transmitidos por áfidos). Por otro lado, están los virus de transmisión mecánica negativa, que generalmente provocan enchinamientos o amarillamientos, se multiplican en tejidos conductores y se transmiten en la mayoría de los casos por chicharritas y mosquitas blancas; por ejemplo, el virus del chino del tomate (Curly Top Virus), el virus de la hoja enrollada de la calabaza, el virus del rayado fino del maíz, etc.

La clasificación, de acuerdo con la transmisión por vectores, se basa en los estudios realizados con áfidos como transmisores de virus y se han ajustado al resto de los organismos vectores conforme se profundiza más en estas relaciones. En 1940 se formó una clasificación dependiendo del tiempo que sobrevive el virus en el vector, denominándoles persistentes y no persistentes.

Los virus no persistentes tienen una supervivencia corta en el organismo transmisor, la capacidad virulenta se pierde en el proceso de alimentación y el virus es acarreado en la parte del estilete. Otras características importantes es que la adquisición y la inoculación del virus ocurre en segundos, y el número de plantas en serie que puede inocular un solo vector es de unas pocas.

En el caso de los virus persistentes la supervivencia es más prolongada (días, semanas o meses), el virus pasa al interior del cuerpo del insecto y no se pierde durante la alimentación; además, el transmisor lo adquiere en minutos u horas, puede presentar un periodo de latencia de horas hasta días, la inoculación se da en minutos hasta horas y el número de plantas en serie que puede inocular un solo vector son muchas. En 1962 se propone el término “virus de estilete” en lugar de no persistente, mientras que en 1981, se propone “virus circulativo” en lugar de persistente, con la variante de que si el patógeno se reproduce dentro del biotransmisor, se le denomine propagativo.

Las transmisiones por vectores que presentan características compartidas en ambos tipos, reciben el nombre de semipersistentes. En algunos casos el vector tiene la capacidad de pasar lo virulento a la progenie a través de los huevecillos, hasta por siete generaciones, a lo que se le conoce como transmisión transovárica.

La transmisión de los virus fitopatógenos por vectores ocurre en diferentes periodos que es importante conocer:

  • Periodo de adquisición. Es el tiempo que ocupa el biotransmisor durante el proceso de prueba o alimentación, para lograr adquirir al virus del hospedero infectado.
  • Periodo de latencia o incubación. El tiempo que dura el virus en recorrer la parte interna del organismo vector, incluyendo en algunos casos el tiempo necesario para multiplicarse dentro del biotransmisor y tener la capacidad de empezar de trasmitir el patógeno.
  • Periodo de transmisión o inoculación. El tiempo que ocupa el trasmisor para depositar las partículas virales en el hospedero, fenómeno que se da en el proceso de prueba o alimentación.
  • Periodo de retención. El periodo que dura el vector con la capacidad de transmitir el patógeno.

La importancia de conocer los mecanismos de transmisión de los virus, la clasificación y otras características, estriba en que es la base para definir las estrategias para el manejo de las enfermedades causadas por estos fitopatógenos. Por ejemplo, para los virus no persistentes o de estilete en los que no ocurre un periodo de incubación, el combate con insecticidas contra el vector dentro del cultivo es impráctico, mientras que con virus persistentes, circulativos o transováricos es conveniente combatir oportunamente al vector.

Principales insectos homópteros transmisores de virus

En 1999 se señala que existen virus que tienen vectores específicos o que su medio de transmisión es el polen, la semilla o propágulos vegetativos, pero para muchos virus aún no se conocen sus vectores. Sin embargo, en el orden Homoptera se concentran la mayoría de los insectos vectores de virus: pulgones, moscas blancas, cochinillas, psílidos, cicadélidos y fulgóridos. Para el caso específico de las enfermedades virales de hortalizas en el occidente de México, California y Arizona, EUA, en 1999 se señalan a las mosquitas blancas en general como los vectores de: el virus chino del tomate (CThV), el virus rizado del mosaico dorado del tomate (TGMV), el virus atigrado del chile (PTV), en los cultivos de tomate y chile; en cucurbitáceas el virus rizado moteado de la sandía (WCMV) y el virus amarillento infeccioso de la lechuga; el último del grupo de los Closterovirus y el resto de los Geminivirus.

El virus del mosaico del pepino es transmitido por áfidos que emigran
de cosechas infectadas , en esta fotos observamos una
hoja de tabaco Burley dañada

Los áfidos, en tomate y chile, transmiten el virus mosaico del pepino (CMV; grupo Cucumovirus), el virus mosaico de la alfalfa (AMV), el virus moteado del chile (PeMV; grupo Potyvirus), el virus de la papa (PVY; grupo Potyvirus), el virus jaspeado del tomate (TEV; grupo Potyvirus); en cucurbitáceas, el virus mosaico de la sandía (WMV; grupo Potyvirus), el virus mosaico amarillo zuchini (ZYMV; grupo Potyvirus) y el virus de la mancha anular del papayo, variante sandía del grupo de los Potyvirus, además del CMV.

Para las chicharritas reportan solamente en tomate y chile al virus rizado del tomate (Geminivirus). En 1994 se reporta en el Valle de Santo Domingo, BC Sur, a el geminivirus del chile huasteco (PHV) en chile ancho (infecta a diferentes solanáceas) y al geminivirus de la hoja enrollada de la calabaza (SqLCV), que ataca a todas las cucurbitáceas, ambos patógenos transmitidos por la mosquita blanca. El SqLCV también está consignado en el norte de Sinaloa y en frijol.

En el 2003, en el norte de Sinaloa, se reporta un nuevo geminivirus transmitido por mosquitablanca en tomate, una variante del virus moteado dorado del tomate (TGMoV), reportado por primera vez en Honduras y Guatemala; además, una variante del virus chino del tomate (CdTCV) y otro geminivirus que se asocia al virus mosaico dorado del chile (PepGMV) en soya.

En 1973, se indica que de la familia Aleyrodidae, sólo tres especies son transmisoras de virus fitopatógenos causantes de enfermedades: Bemisia tabaci Gennadius, Trialeurodes vaporariorum y Trialeurodes abutilonea. La primera especie conocida también como la mosquita blanca del camote, transmite virus de modo no persistente, semipersistente y persistente causantes de más de 70 enfermedades, mientras que T. vaporariorum transmite sólo virus (Crinivirus) semipersistentes. En 1999 se señala que los virus transmitidos por las mosquitas blancas, la mayoría pertenecen al grupo de los Geminivirus; otros, están dentro de los Closterovirus, Carlavirus, Potyvirus, Nepovirus y Luteovirus.

Respecto a Bemisia argentifolii en 1993 se señala que es más eficiente que B. Tabaci para transmitir virus, sin embargo, algunos investigadores, asesores técnicos y productores agrícolas señalan que, a partir de que esta especie se estableció en la región norte de Sinaloa, los daños por enfermedades virales se ha reducido, aparentemente la mosca blanca de la hoja plateada es más agresiva y con mayor capacidad biótica que B. tabaci, pero no es tan eficiente como vector de virus.

Otro aspecto relacionado con lo anterior es que diferentes estudios señalan que en las regiones agrícolas en donde ha llegado la MBHP su predominancia es marcada, incluso se menciona que ha desplazado a B. tabaci.

Hojas de sandía con melaza asociada a Myzus persicae

En 2003 se reportaron 20 especies de áfidos en el valle del Yaqui, de las cuales 59% se capturaron en diferentes hortalizas en el ciclo otoño-invierno. Myzus persicae fue la especie más abundante con el 49% de las capturas, seguida por Aphis gossypii con el 35%, Aphis spiraecola con el 7%, Aphis fabae en cuarto lugar con el 5% y por último Aphis craccivora con un 4%. M. persicae registró su máxima población en la segunda semana de abril, mientras A. fabae en la tercera semana de febrero y el resto de las especies en la primera semana de marzo.

  1. persicae se recolectó directamente sobre chile y tomate, además de otros cultivos oleaginosos, cítricos, crucíferas, malváceas, leguminosas y cereales, y en arvenses como correhuela, chual y malva. A. gossypii, se encontró en pepino, cítricos, frijol, hibiscus; A. spiraecola se detectó en cítricos y en el árbol del pan; A. fabae sólo en haba, y A. craccivora en cítricos y en alfalfa.

En 1999, se señaló que M. persicae es el áfido más importante como vector de virus fitopatógenos, más de 100 virus (no persistentes y persistentes) y se hospeda en México en 150 especies de plantas pertenecientes a 30 familias botánicas, incluyendo a la mayor parte de las plantas de mayor importancia económica.

  1. gossypii transmite más de 50 virus no persistentes y persistentes en chile, cucurbitáceas, crucíferas, leguminosas, etc. A. fabae es vector de más de 30 virus persistentes y no persistentes en cucurbitáceas, tomate, papa, chícharo, betabel y otras especies. A. craccivora transmite más de 30 enfermedades virales en cucurbitáceas, crucíferas, frijol, chícharo, betabel, etc. En el 2000 se reporta A. spiraecola, en cítricos, manzana y plantas ornamentales, y entre otros transmite el virus mosaico del pepino (CMV) y el virus Y de la papa. HC

Por: Edgardo Cortez Mondaca,
Doctor en Ciencias. Campo Experimental Valle del Fuerte del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias