Noticias Recientes

Contáctanos:

Email
[email protected]

Teléfono
+52 (55) 5669-4540

Dirección
Indianápolis #70, Col. Nápoles Distrito Federal, MX – C.P. 03810

Síguenos:

Necesaria nueva estrategia para alcanzar la productividad

Tras cinco años de vivir un servidor en una ciudad fronteriza como Nogales, Arizona, siendo el lugar donde el mayor porcentaje de frutas y hortalizas son importadas a la Unión Americana, uno realmente aprende mucho sobre las realidades “ocultas” de nuestra industria.

Además de esto, abordaremos otros dos temas que ocurren en este tipo de ciudades, donde las comunidades están formadas principalmente por mexicanos que tratan de adoptar un modo de vida americano: definitivamente uno aprende más inglés y se empieza a olvidar del español.

Eric Viramontes, Director General de la Asociacion Mexicana de Horticultura Protegida, A.C. (Amhpac)

Eric Viramontes,
Director General de la Asociacion Mexicana de Horticultura Protegida, A.C. (Amhpac)

Una palabra muy común en cualquier taller empresarial y discurso que está en boca de todos, es la palabra “productividad”. Es una palabra que describe la necesidad tan grande de nuestros negocios y aparentemente hemos perdido su aplicación. Personalmente la he adoptado como el objetivo de la nueva cruzada del gremio productor de hortalizas bajo esquemas de protección; es el objetivo de la misión, que nos pone “en búsqueda de la productividad perdida”, y me queda claro que hemos llegado a tal punto, que es encontrarla o “morir”.

Según el diccionario, el significado es el siguiente: “La productividad es la razón entre la producción obtenida por un sistema productivo y los recursos utilizados para obtener dicha producción”. En realidad la productividad debe ser definida como el indicador de eficiencia que relaciona la cantidad de recursos utilizados con la cantidad de producción obtenida, en otras palabras, la productividad es la habilidad de recuperar los recursos invertidos en una explotación.

Ahora, ¿cómo podemos reflejar la productividad en nuestra industria?

Como aficionados a la arqueología, todo buen análisis debe empezar por el estudio de la historia. Restos encontrados, indican que la agricultura protegida de nuestros país, data de la década de 1970, cuando los antecesores de esta técnica la utilizaron para la producción de flores; posteriormente, en la década de 1980, algunas culturas de agricultores del territorio  nacional las empezaron a usar para la producción de plántula y trasplantar a campo abierto; pero no fue hasta 1985, cuando ya agricultores empezaron a utilizar invernaderos para producir y cosechar hortalizas. Durante los siguientes 15 años hubo un desarrollo y crecimiento lento.

Se piensa que su expansión se dio principalmente entre las culturas de agricultores del noroeste y occidente del país, donde la aplicación de las cubiertas era poco experimentada, y surgieron invernaderos replicando instalaciones de países con condiciones climatológicas, quizás distintas a las nuestras.

Para finales de 1990, se genera la etapa del éxito de los invernaderos, donde empresas extranjeras encuentran una gran oportunidad en vender tecnología, así como acero, plástico, financiamiento y asesoría técnica a nuestro país.

Existen muchas teorías, en las que se habla de que esto surge paralelo a políticas de países europeos por impulsar sus industrias metalúrgicas y petroquímicas, mediante la transformación a invernaderos, que generó la estrategia óptima para dicho fin. Recuerden que regiones como los Países Bajos dependen más de la transformación de materias primas a productos terminados, cosa contraria a nuestro país, que parece que sólo queremos vender materias primas. Lo cierto es que por cinco años, México se pobló de tecnologías con diversos diseños procedentes de Holanda, Francia, España, Israel, Canadá y desde luego Estados Unidos.

Para mediados de la primera década del año 2000, los agricultores mexicanos aprendieron mucho y se dieron cuenta de que había muchas maneras de adaptar estas tecnologías a sus condiciones climatológicas, requerimientos comerciales y geografía. De pronto es el surgimiento de los constructores de invernaderos mexicanos, donde se empiezan a desarrollar diseños nacionales, con conceptos mixtos y/o híbridos. De aquí en adelante el crecimiento de hectáreas de la casa sombra sería más significativo, incrementándose exponencialmente.

Por otra parte, gracias a la Asociación Mexicana de Horticultura Protegida, A.C. (Amhpac), a través de modelos matemáticos y estadísticas oficiales, conteos y encuestas telefónicas, se llegó a la conclusión de que en México, actualmente podría haber al menos 15 mil hectáreas de agricultura protegida operando. Lo que no podemos contabilizar aún, es realmente cuántas hectáreas fueron construidas y cuántas han sido abandonadas, destruidas o están inoperantes.

Por ejemplo, Sonora es un estado que adoptó esa tecnología rápidamente; en los últimos 10 años en ese estado se construyeron 2 mil 621 hectáreas de invernaderos; se tienen registros de que en 2009 sólo mil 200 operaron. Cabe destacar que en muchas de estas hectáreas fueron destruidas por huracanes, pero la gran mayoría han sido abandonadas; de éstas, muchas son infraestructuras que surgen de apoyos gubernamentales donde extensiones de menos de una hectárea y media fueron construidas, producto de estrategias de desarrollo rural. Desgraciadamente la falta de planeación, integración y la mortal curva de aprendizaje los llevó a su extinción. La situación de Sonora es una historia común que se escucha en todo el país y cuando me la platican, no puedo dejar de preguntarme, ¿dónde está la aplicación de productividad en estos proyectos o en estas políticas?

Con respecto al Plan Nacional de Agricultura Protegida que impulsó la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) en el 2009, éste contó con un presupuesto federal y estatal cercano a los 800 millones de pesos, que desde mi punto de vista, dio como resultado 400 hectáreas más de invernaderos pulverizados, en quizás 12 de los 28 estados que utilizan esta tecnología.

¿Dónde quedó el concepto de bien común para la industria? A mi juicio los 800 millones de pesos hubieran significado para el desarrollo de capacidades humanas, programas de aseguramiento de calidad e inocuidad y para infraestructura para la comercialización.

Hablando de mercado, ¿cómo estuvo la temporada 2010 para los productores de tomate?

Seguramente estamos muy satisfechos, porque a pesar del gran esfuerzo que la industria hizo por echar a perder el mercado, se generaron condiciones climáticas que regularon la oferta y tuvimos unos 45 días de precios históricamente buenos.

Tal es el caso de las heladas que eliminaron a Florida, y estos mismos fríos regularon la producción en regiones productoras de nuestro país. Pero ¿cuál fue la reacción, en cuanto a la expectativa de que Florida había perdido su producción?, mandar todo a Nogales y Texas, olvidarse de la calidad, el orden y de todos los principios de productividad. Sin ningún plan, y dejándose llevar por la corriente, los distribuidores se armaron de inventarios y lograron mantener peligrosamente bajo el precio del tomate durante enero y las primeras semanas de febrero, por eso me pregunto, si ésa fue la mejor estrategia. Quizás esta temporada pudo haber sido aún mejor.

Es en especial, en estos momentos cuando la suerte y las condiciones nos favorecen, debemos ser cuidadosos y respetuosos de las estrategias, así como promover la productividad cuando se está dando de forma circunstancial.

A final de cuentas el volumen con los precios bajos de enero y febrero, se va a promediar con el volumen que contó con precios altos de finales de febrero, marzo y abril.Necesaria-nueva-estrategia-para-alcanzar-la-productividad-g1

La Gráfica 1 muestra los precios de tomate de invernadero del 28 de diciembre de 2009 al 8 de febrero de 2010. La curva alta demuestra la reacción de la expectativa de las heladas, mientras que las curvas descendientes muestran el efecto de desarrollar inventarios como en esta ocasión se hizo, arrastrando el precio hasta los 6 dólares.

Según lo descrito anteriormente, se demuestra cómo en este sector, hemos traicionado el concepto de productividad. Con un crecimiento desordenado, poca planeación, falta de organización e integración, con una vergonzosa carencia de información y aplicando estrategias que ya sabemos que son en perjuicio del gremio.

Lamentamos ser quién le encuentra un lado negativo a una de las mejores temporadas de las décadas. Sin embargo, es buen momento para analizar mejor las prácticas actuales de nuestra industria. Difícilmente creo que las condiciones del 2010 se repitan pronto.

Como último punto de este análisis, voy a decir que el gobierno y la sociedad han querido ver al sector primario desde un ángulo muy destructivo, que durante 200 años de existir como mexicanos, realmente no ha sido benéfico. Se han creado diferencias, como “agricultores pequeños y grandes” o los “productores pobres y ricos” para medir sus capacidades.

Asimismo, se ha visto al campo como sinónimo de pobreza y carga a la economía del país, y no como un sector productivo generador de empleos y detonador de riqueza, aún en virtud de que en los peores momentos de crisis mundial, ha sido el único sector con crecimiento y de los pocos que siguen generando nuevos empleos.

Hablar del campo es usar palabras como, el rancho o ranchito, la parcelas, “mis tierras”; es mi deber decirles que aunque son todas muy bellas palabras, para los objetivos que hoy perseguimos sería mejor si las dejáramos a un lado: los agricultores hoy son empresarios y el sustantivo “productor”, se convierte a un adjetivo que describe a quienes han recuperado la productividad en sus negocios Ya no se utilizarán los términos: ricos y pobres, para describir las capacidades del empresario.

Hay que ver nuestras empresas en la escala correcta, porque no se equivoquen, la agricultura protegida es un negocio de escala y hay que producir para la escala correcta del mercado que nos comprará, de acuerdo a nuestras capacidades.

Las palabras de actualidad y que predominarán en nuestros negocios son: productividad, rentabilidad, sustentabilidad y competitividad.

En los siguientes 10 años no habrá lugar para la improductividad, serán tiempos de crecimiento ordenado, de incremento en la participación y conquista de nuevos mercados, es decir, será de generación de riqueza para nuestro sector, “será la década de los empresarios”.  HC

Eric Viramontes, Director General de la Asociación Mexicana de Horticultura Protegida, A.C. (Amhpac)