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Uso de injertos para el control de fusariosis en tomate

Entre las enfermedades del cultivo de tomate que afectan a la raíz destaca la marchitez, ocasionada por el hongo Fusarium oxysporum Schlecht f sp lycopersici Zinder & Hansen (Fol).

En regiones templadas como las del estado de Sinaloa, Fusarium es muy severo en cultivos de tomate desarrollados, tanto en condiciones de campo abierto como bajo invernadero, ocasionando fuertes daños en los híbridos que muestran susceptibilidad a su ataque.

Foto 1: Síntomas externos e internos de Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici en tomate

Foto 1: Síntomas externos e internos de Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici en tomate

Los daños (ver Foto 1) se presentan con mayor severidad cuando las plantas son sometidas a un periodo de estrés en la etapa de floración y fructificación. La magnitud de daños ocasionada por este fitopatógeno en Sinaloa genera una disminución en la producción mayor al 50%.

La importancia de este fitopatógeno radica en que sobrevive en restos de cultivo de una temporada a otra, ya que posee estructuras de resistencia (clamidosporas) que le permiten perdurar en el suelo.

La enfermedad provocada por Fusarium penetra en la planta a nivel del suelo, ya sea por tallo o raíces superficiales, y es trasladada a toda la planta a través de las caras vasculares (xilema y floema).

Tradicionalmente, el manejo de esta enfermedad se basa en el uso de fumigantes de suelo, como Bromuro de metilo, Metam sodio, Metam potasio, Cloropicrina, Dazomet, y 1.3 dicloropropano más Cloropicrina; así como en los fungicidas Captán, Clrotalonil, Mancozeb o Zineb.

Los plaguicidas mencionados anteriormente hay ayudado a mantener altos rendimientos y satisfacer la calidad de los alimentos; sin embargo, el uso desmedido de estos y otros productos ha generado efectos negativos al medio ambiente, ya que son sustancias nocivas, responsables de la destrucción de la capa de ozono, que afectan la calidad de vida humana y destruyen la flora microbiana del suelo. El uso de estos productos ha propiciado el surgimiento de especies con resistencia a su acción.

Ante esto, hoy en día las investigaciones se han centrado en el desarrollo de nuevas alternativas no químicas de manejo integral para el control de fusariosis. Algunos ejemplos son la solarización, biocontrol y el uso de portainjertos. Esta última se presenta como una técnica novedosa y eficaz en el control de enfermedades ocasionadas por patógenos radiculares.

Foto 2: Sintomas externos en planta y raíz de tomate, por el nematodo agallador (Meloidogyne incognita)

Foto 2: Sintomas externos en planta y raíz de tomate, por el nematodo agallador (Meloidogyne incognita)

Uso de portainjertos

El empleo de portainjertos es un método que consiste en la unión de dos porciones de tejido vegetal, de tal manera que se unan, crezcan y desarrollen formando una sola planta. Esta técnica se basa en el uso de combinación de patrones resistentes a los patógenos del suelo con variedades y/o híbridos comerciales altamente productivos, con la finalidad de sustituir el uso de fumigantes de suelos en determinado cultivo.

Las plantas injertadas son utilizadas en Europa y ahora en México para conferir resistencia contra enfermedades y nematodos en solanáceas y cucurbitáceas, como alternativa al uso de bromuro de metilo para desinfectar el suelo. También se están empleando en países asiáticos de clima tropical, donde las condiciones climáticas dificultan el manejo sanitario del cultivo.

La técnica de injertar plantas, aunque milenaria, es relativamente reciente en México a niveles comerciales importantes en el cultivo de tomate. Se prevé que en nuestro país se injertan actualmente cerca de 40 millones de plántulas de tomate al año. Los tipos de tomate en los que se emplea esta práctica son bola y saladette, principalmente para producción protegida (malla-sombra e invernadero) y, a menor escala, en campo abierto.

Actualmente los portainjertos se utilizan principalmente en la producción agrícola comercial para lograr mayores rendimientos en cultivos de invernadero, así como para modificar secciones dañadas de la planta, aumentar la tolerancia a salinidad y a temperaturas extremas de producción, y también ayuda a extender la duración de la época de cosecha al brindar protección a la planta contra el posible ataque de enfermedades a la raíz. Por lo anterior, esta técnica podría ser considerada como una alternativa no química dentro del manejo integral para el control de agentes patógenos del suelo.

La resistencia que muestran algunos patrones a ciertos patógenos del suelo puede deberse a diferentes aspectos, como a su capacidad de adaptación al medio, resistencia natural de la planta, factores bioquímicos por la producción de compuestos químicos o fungitóxicos, o por su condición morfológica en respuesta a la penetración del hongo en la raíz. Estos aspectos se pueden presentar en las plantas como una forma de defensa natural o inducida, limitando el desarrollo de la población del patógeno generándole la muerte o simplemente no permitiéndole que se establezca en la raíz.

El patrón (parte radicular) utilizado en el cultivo de tomate es una cruza inter-específica; la más común en la creación de patrones híbridos de Lycopersicum hirsutum por Lycopersicum esculentum, con lo que se consigue la fuerza y resistencia radicular de la especie hirsutum, más de esculentum.

En diferentes cultivos hortícolas se ha demostrado la eficacia del uso de portainjertos resistentes a ciertos patógenos. En 1983, Kuniyasu y Yamakawa realizaron un estudio utilizando dos variedades de tomate: KNVF y KVF, híbridos interespecíficos de Lycopersicon esculentum x Lycopersicon hirsutum, los cuales mostraron resistencia a Fusarium oxysporum f sp lycopersici raza 3 y a Pyrenochaeta lycopersici, por lo que se utilizaron como patrones para injertar dos materiales japoneses (Fukuju 2 y Walber) susceptibles a la marchitez por Fusarium. Este caso es una prueba de que el injerto de variedades susceptibles sobre cultivares resistentes disminuye considerablemente la incidencia de la enfermedad.

Ricárdez y col (2008) realizaron un estudio empleando la técnica de injerto en cultivos de tomate, como una alternativa al uso del bromuro del metilo en el control de plagas y enfermedades del suelo. Realizaron dos combinaciones con los portainjertos Multifort (Monsanto) y Spirit (Nunhems), con el híbrido comercial 7705 (Nunhems) bajo condiciones de malla-sombra y suelo, con y sin bromuro de metilo.

Estos investigadores consideraron diferentes densidades de población por cultivo (50, 60 y 80%), así como diversas distancias entre plantas (0.60, 0.50 y 0.40) metros. Ricárdez y col (2008) demostraron que el portainjerto Multifort (sin injertar) presentaba mayor producción en el cultivo sin bromuro de metilo, a diferencia del portainjerto Spirit (sin injertar).

Asimismo, se observó que la variedad 7705 manifestó mayor producción en las plantas injertadas, con respecto a las no injertadas (tratadas o no con bromuro de metilo).

También se demostró que la mejor combinación fue Multifort-7705, con una producción de 187.4 toneladas por hectáreas (bajo una densidad de población del 80%), 21.6 toneladas más que Spirit-7705.

Por otro lado, Khaled y col (2006) probaron el control de la pudrición de corona y de raíz causada por Fusarium oxysporum f sp radicis-lycopersici mediante el injerto de variedades susceptibles Durintha F1 y Bochra F1 sobre patrones resistentes (He-man y Beaufort) en cultivos de tomate, con lo que demostraron el efecto benéfico del uso de portainjertos resistentes sobre el desarrollo de planta, rendimiento y calidad del fruto.

Asimismo, Mitidieri y col (2005) utilizaron como portainjerto el híbrido He-Man –híbrido interespecífico de Lycopersicon esculentum x Lycopersicon hirsutum (Syngenta)– sobre el que injertaron dos híbridos: Fortaleza (Syngenta) y Superman (Monsanto). Las plantas injertadas mostraron mayor rendimiento, porcentajes significativamente menores de plantas muertas (hasta 30 días después del trasplante) y de plantas con síntomas aéreos de ataque de nematodos.

En el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), Guanajuato, México, se realizó la técnica de injerto utilizando las variedades Caimán, Imperial y Gironda (Enza Zaden), y el patrón Multifort (Monsanto) para evaluar la producción a un tallo y dos tallos por planta en los materiales e injertos. En esta investigación se comprobó que las plantas injertadas presentaron mayor producción respecto a las no injertadas, con una diferencia de 36 toneladas por hectárea a un tallo, y 66 toneladas por hectárea a dos tallos.

En este mismo lugar también se efectuó un estudio similar pero con dos variedades: Caimán y Gironda (Enza Zaden), injertadas sobre Beaufort y Maxifort (Monsanto), con el fin de evaluar la producción en relación al tamaño del fruto (menor a 200 gramos o mayor a 300 gramos). Se demostró que Caimán, injertado con Maxifort, presentó una producción más elevada de frutos con un peso mayor a 300 gramos.  HC

José Armando Carrillo Fasio,
Emma Paulina Báez Valdez,
Manuel Báez Sañudo,
Raymundo García Estrada,
Rosalba Contreras Martínez,
Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo,  AC