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Manejo de mosca blanca y geminivirus en hortalizas

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En Sinaloa y Sonora

La mosca blanca de los invernaderos (Trialeurodes vaporariorum) es una de las principales plagas de los cultivos hortícolas en invernadero. La succión de savia causada por las ninfas provoca retraso de crecimiento, deformación de las hojas y debilitamiento general de los cultivo. Además, al comenzar a alimentarse segregan una sustancia azucarada que favorece el desarrollo de fumagina y otros hongos que afectan la capacidad fotosintética de la planta.

Mosca blanca de 1.7 mm de largo, uno de los mayores problemas de los productores de hortalizas para controlarla.

Para el control de esta plaga se debe hacer un manejo integrado, teniendo en cuenta aspectos como el legal, cultural, biológico, bioracional y químico.

Estrategias y control

Control legal

Esta es una de las medidas más importantes que pueden ayudar a reducir la incidencia de plagas en las hortalizas, ya que las labores culturales de poscosecha son obligatorias para todos los agricultores, mismas que están estipuladas en el capítulo IV, artículo 48, inciso 7 del reglamento de la Ley de Sanidad Fitopecuaria (SARH, 1980). En la hortifloricultura nacional y con fundamento en los Artículos 9,12 y 28 de la Ley Fitopecuaria de los Estados Unidos Mexicanos, la Dirección de Sanidad Vegetal de la SAGARPA, con el fin de evitar el ingreso y la distribución de mosquita blanca B. argentifolii a otras regiones del país, así como para su control en áreas infectadas, establece acciones a seguir en la campaña y Norma Oficial Mexicana NOMM-027-Fito. 1995. En el valle de Culiacán, Sinaloa se deben evitar plantaciones extemporáneas establecidas antes del primero de septiembre y después del 15 de diciembre.

Sin duda alguna, la regulación de las fechas de siembra y la destrucción oportuna de socas es el soporte más importante para que un programa de manejo integrado de plagas sea eficiente. En cada región agroecológica se deben hacer estudios que permitan determinar la mejor época de siembra de los cultivos a establecer y evitar de esta manera que las poblaciones de los vectores y la incidencia de las enfermedades alcancen niveles exponenciales, como ocurrió en Sinaloa durante la temporada 2005-2006.

Una fecha óptima de siembra favorece un periodo libre del hospedante, pero un desfasamiento de ésta puede provocar el desarrollo de una epidemia viral y el daño que puede ocasionar depende de la sincronización del establecimiento del cultivo y la disponibilidad de la fuente del inoculo, vector y las condiciones ambientales propicias para el desarrollo. El objetivo de regular épocas de siembra y destruir oportunamente las socas de los cultivos y otros hospederos alternos, es el de permitir un periodo de dos a tres meses en donde los insectos vectores y los virus que éstos transmiten tengan menos oportunidad de multiplicarse para que la próxima temporada hortícola inicie con bajas densidades (“ventana fitosanitaria”).

Control cultural

La base para cualquier manejo de plagas lo constituye una adecuada atención técnica y una planeación del cultivo. Se deben manejar varias prácticas culturales para minimizar los daños causados por los insectos vectores y los virus que transmiten, como son: producción de plántulas sanas en invernadero, eliminación de maleza hospederas en canales, drenes y lotes infestados adyacentes; selección del inicio del planteo en campo, establecimiento de barreras biológicas, incrementar la densidad de plantas por hectárea y eliminación de plantas enfermas, manejo del cultivo y la fertilización, etcétera.

Para producir plántulas libres de virus, primeramente se debe garantizar que la semilla esté sana, para esto de recomienda mandarla analizar a laboratorios certificados. Por otro lado, los invernaderos deben permanecer cerrados herméticamente con malla antiáfidos y mantenerlos limpios de maleza dentro y en la periferia de los mismos.

Las plantas silvestres hospederas de insectos vectores deben ser eliminadas y darles preferencia a las que se reportan que son portadoras de enfermedades virales. En estudios realizados en el valle del Yaqui, Sonora, utilizando PCR, en 2006, se encontraron geminivirus transmitidos por mosca blanca en tabaquillo (Nicotiana glauca), tomatillo (Physalis wrigtii), correhuela (Convulvulos arvensis), bledo (Amaranthus sp.) y zacate pinto (Echinichloa colona); de esta última maleza es el primer reporte que se tiene como reservorio de virus. En Sinaloa, en el 2006 se encontró como hospederas de virus (begomo-virus) transmitidos por mosca blanca a la maleza siguientes: bledo (Amaranthus retroflexus y A. espinosus), estafiate (Parthenium hysterophorus, Artemisa spp), girasol (Helianthus annus), morraja (Sonchus oleraceus), trebolillo (Melilotus indicustoloache), berenjena (Solanum melongena), campanilla o manto (Ipomoea purpurea), golondrina (Euphorbia serpens), colotahue (Abutilon trisulcatum), chual (Chenopodium album), meloncillo (Cucumis melo), malva peluda (Kosteletzkya depressa), tabacón (Nicotiana glauca), frijolillo (Rynchosia minima y R. predatoria), tomatillo (Physalis spp), malvita (Sida rhombifolia), tumbabardas (Sarcostema cynan-choid) y cadillo (Xanthium strumarium).

La mayoría de esta maleza se encuentra presente en las parcelas aledañas, periferia del cultivo y en el interior de las parcelas. La eliminación de todas las hospederas silvestres debe hacerse antes de iniciar con la destrucción de socas de la temporada anterior y continuar durante la ventana fitosanitaria para evitar que los insectos y los virus queden cerca de las parcelas, contribuyendo con esto para que la próxima temporada inicie con menos insectos vectores infectivos. Esta práctica debe hacerse también cuando menos 15 días antes de iniciar la siembra y/o el trasplante del siguiente ciclo.

En campo, el planteo debe iniciarse en sentido contrario a los vientos dominantes, sobre todo si hay insectos vectores y maleza hospederas en abundancia, o bien cultivos altamente infestados por insectos e infectados por virus, cuya presencia pondrá en riesgo a las parcelas vecinas, ya que la mayoría de los vectores que emigren a los cultivos vecinos seguramente portarán al o los virus.

Las barreras biológicas y cultivos trampa se deben de establecer cuando menos tres semanas antes de la siembra del cultivo, por las orillas del campo en forma perpendicular o rodeando todo el cultivo. Las plantas más comunes son sorgo forrajero, maíz y berenjena, las cuales no deben de ser hospederas naturales de los virus; estas plantas primeramente atraen a los insectos vectores y cuando llegan a realizar las pruebas de alimentación, éstos se deben matar aplicando a las barreras insecticidas sistémicos al follaje o al suelo, y así evitar que los insectos lleguen al cultivo.

Producción masiva mediante fermentación sólida para los hongos entomopatógenos Lecanicillium lecanii y Beauveria bassiana.

Si la zona es de alto riesgo por la infección de virus en cultivos hortícolas, se recomienda incrementar entre 5 y 10% la densidad de plantas por hectárea, con el propósito de que se eliminen las plántulas que se enfermen durante los primeros 50 días de establecido el cultivo, y de esta manera garantizar que finalmente quede una óptima densidad de plantas por hectárea. Previo a la eliminación de plantas enfermas se debe realizar una aplicación con insecticidas eficientes, para reducir la incidencia de los insectos vectores presentes en éstas.

Debido a que la mayoría de los insectos adultos vectores prefieren las yemas terminales de las plantas para iniciar su alimentación, se recomienda no exceder con los niveles de nitrógeno en los cultivos, para reducir la suculencia y atracción de éstos; si el riesgo de infección por virus es alto, es mejor incrementar la fertilización con calcio, potasio y fósforo para dar mayor consistencia a los tejidos de crecimiento de la planta y hacerlos menos atractivos para el insecto.

Cultivares tolerantes

Se han desarrollado cultivares de tomate tolerantes a geminivirus dentro de los que destacan Gavilán, Seri, Aníbal, Corazón, Tracie, B-52, Renegado, etc.; sin embargo, al seleccionar cualquier híbrido de tomate se deben considerar sus características agronómicas (productividad, tamaño, forma, color, etcétera) y la susceptibilidad y/o toleracia a otros problemas fitopatológicos específicos de cada región agroecológica.

Control biológico

De manera natural las moscas blancas son atacadas por diversos agentes de control biológico como parasitoides y depredadores. En el norte de Sinaloa se reporta que Eretmocerus californicus registró un nivel de parasitismo de 51.71% sobre ninfas de mosca blanca, mientras que en el valle de Culiacán, Sin. en 1994 se observaron entre 50 y 60% de parasitismo de ninfas de mosca blanca, en cultivos abandonados de chile y berenjena. En ausencia de cultivos infestados éstos y otros parasitoides se pueden encontrar en hospederas silvestres, aunque otros estudios realizados en 2004, señalan que en febrero se registraron los mayores porcentajes de parasitismo de ninfas de mosca blanca en estafiate (Parthenium hysterophorus) y meloncillo (Cucurbita foetidissima) con 74.07 y 28.5%, respectivamente. Como depredadores de mosca blanca y pulgones destacan diversas especies de catarinitas y crisopas.

En la actualidad los entomopatógenos son otros de los agentes de control biológico que han empezado a utilizarse intensivamente contra plagas agrícolas, destacando intensivamente las bacterias y los hongos. Existen varios géneros de hongos patógenos de mosquita blanca que pueden ser cultivados en el laboratorio bajo condiciones adecuadas. Actualmente se encuentran disponibles en el mercado diversos productos a base de entomopatógenos, entre las que se encuentran de manera comercial a Beauveria bassiana (Naturalis L. y Bea-Sin.), Metarhizium anisopliae (Meta-Sin), Paecilomyces fumosoroseus (Pae-Sin), etcétera, recomendados contra mosquita blanca, pulgones y paratrioza.

Se reporta que B. bassiana ejerce un control eficiente en huevecillos (99.6%), ninfas (67%) y pupas (21.3%) en diferentes condiciones de temperatura y humedad. En evaluaciones bajo condiciones de laboratorio con cepas de Verticillium lecanii, B. bassiana y P. fumosoroseus contra mosca blanca, se encontró que todas las cepas tuvieron una acción patogénica similar sobre ninfas del cuarto instar, cuando la humedad relativa fue superior al 95%; la humedad relativa mínima adecuada para que todos los hongos iniciaran la infección fue de 75% durante 14 horas continuas.

En campo, la utilización de parasitoides, depredadores y entomopatógenos contra insectos vectores de virus es poco viable en cultivos susceptibles a virosis, ya que los enemigos naturales requieren la presencia de los insectos fitófagos para alimentarse y en estos casos el umbral de estos insectos como vectores es cercano a cero; otro inconveniente es que los enemigos naturales son lentos para disminuir la densidad de las plagas y en este caso se requiere una rápida reducción de la plaga antes de que los insectos generalicen la diseminación de los virus.

Tomando en cuenta lo anterior, el control biológico por conservación e inducido sólo se recomienda implementarlo fuera del cultivo que interesa proteger de los virus, esto es en las áreas no perturbadas que le sirven de refugio a los vectores, en ausencia del cultivo. Otra posibilidad de uso de cualquiera de los agentes de control biológico antes señalados, es cuando se cultivan variedades tolerantes a geminivirus. Antes de generalizar el uso de cualquier agente de control biológico, se deben hacer estudios para demostrar su eficiencia en cada una de las regiones donde se pretenda utilizar, y utilizar únicamente los que demuestren efectividad biológica aceptable.

Control bioracional

  • Extractos vegetales. Estos productos normalmente actúan como alomonas de acción repelente y la mayoría se preparan a base de extractos de ajo; de éstos, los que están autorizados contra mosca blanca son: Biocrack (1-3 L/ ha), Bralic (1.5-3.0 L/ha) y Garlic barrier 0.75-1.0 L/ha). Como derivados de tricarboxilos vegetales se comercializa el Bio-Die (1.0 -1.5 L/100 L de agua). A base de extractos de semilla de neem se encuentran registrados el PHC Neeem (5-10 mL/L de agua) y Neemix 4.5 (0.5 – 1.5 L/ha).
  • Aceites. En México se encuentran registrados para su uso contra mosca blanca y otros insectos chupadores los aceites siguientes: Protector 90 (aceite de semilla de soya) (1.0-2.0 L/200 L de agua), Saf-T-Side (aceite parafínico del petróleo) (0,8-2.0 L/100 L de agua), Oleo 93 (aceite vegetal) (2.0 – 3.0 L/ ha). Los aceites además de actuar directamente contra los insectos vectores, también reducen significativamente la diseminación de virus no persistentes transmitidos por pulgones, al quedar adheridos en su estilete.
  • Jabones. Uno de los productos que ha resultado efectivo contra todos los estados biológicos de mosca blanca es el suavizante doméstico Vel Rosita, aplicado al 2.0% de concentración; al respecto, en 1996 se hicieron aplicaciones de Vel Rosita (2%) cada siete días, durante ocho semanas y se encontraron en promedio 2.8 pupas de mosca blanca, comparado con 45.5 pupas del testigo, lo que representó una eficacia de 95.6%. En otro trabajo, en 2006 reportan que aplicaciones de Vel Rosita en soya tuvieron 92% de eficacia contra ninfas de mosca blanca. A nivel comercial se encuentra registrado el jabón agrícola Impide, a base de sales potásicas de ácidos grasos, recomendado contra mosca blanca a concentraciones de 1 y 2%.

El éxito del control de mosca blanca y otros insectos transmisores de virus con el uso de extractos vegetales, aceites y jabones depende de su aplicación. En este caso, estos productos deben cubrir completamente el follaje y dar prioridad al envés de las hojas, lo que se logra con equipo de alta presión que proporcione mayor penetración y cobertura de la aspersión y orientando las boquillas para que la aspersión se dirija de abajo hacía arriba. Los aceites y jabones son menos peligrosos para los humanos, más seguros para el medio ambiente porque los microorganismos presentes en el suelo los pueden degradar, por lo que se pueden usar como una alternativa más dentro del control integrado.

Antes de recomendar usar extensivamente extractos vegetales, aceites y jabones es necesario hacer pruebas de efectividad biológica para comprobar su eficiencia contra las plagas y en los cultivos donde se utilizarán bajo las condiciones de cada región agroecológica.

Cubiertas flotantes

La cobertura de plantas de tomate con tela de polipropileno (agribón) durante 40 días y aplicaciones de imidacloprid, disminuyeron significativamente la incidencia de adultos y ninfas de B. argentifolii. En la última evaluación de plantas afectadas por geminivirus que se hizo a los 106 días después del trasplante, hubo significativamente menos plantas enfermas donde se colocó agribón y donde se hicieron aplicaciones de imidacloprid, con 11.0 y 21.50 plantas enfermas, respectivamente.

Agricultura protegida

El alto potencial productivo de las hortalizas cultivadas en invernaderos y casa sombra en Sinaloa y la protección que éstas pueden ofrecer contra diversas plagas, han motivado a los agricultores para incrementar la superficie con esta tecnología; así se tiene que en la temporada 2004-2005 había 741 hectáreas cultivadas, aumentando a 1,300 hectáreas para la temporada 2005-2006, y actualmente existe más de 4 mil hectáreas cultivadas bajo invernaderos y casa sombra.

Control químico

El control químico, como parte de una alternativa contra mosca blanca, se encuentra fundamentado en el uso de insecticidas específicos, que respeten en gran medida a los enemigos naturales presentes en el cultivo y que sean efectivos.

En invernadero antes de sacar la planta para establecerla en el campo (3-5 días) se recomienda aplicar Imidacloprid (Confidor 350 SC) a razón de 2.0 mL/ 1,000 plantas (tomate) y 1 mL/1,000 plantas (chile); después de 5 a 7 días del trasplante, se sugiere usar de 0.75 a 1.0 L/ha del mismo producto aplicado al cuello de la planta o por el sistema de riego por goteo.

Foto A: Aplicación de bioplaguicida en cultivo de tomate en semillero. Foto B: Ubicación de trampas en el invernadero. Foto C: Aplicación de los bioplaguicidas.

Otro insecticida del mismo grupo es el thiamethoxam (Actara) que se recomienda aplicar al cuello de la planta, por el sistema de riego y al follaje a razón de 400-600 gramos por hectárea (g/ha).

Para evitar la colonización de mosca blanca se recomienda aplicar al follaje, contra ninfas, los reguladores de crecimiento buprofezin (Applaud 40 SC, 1.0 L/ha) y pyriproxyfen (Knack, 3.3-C.5 L/ha, y el insecticida-acaricida spirome-sifen (Oberon, 0.4-0.6 L/ha). El endosulfán (Thiodan 35,1.5-2.0 L/ha), oxamil (Vydate L, 1.0-1.5 L/ha) aplicados correctamente al follaje del cultivo son efectivos contra ninfas y adultos de mosca blanca.

Desde la llegada de B. argentifolii a Sinaloa, el Imidacloprid fue uno de los insecticidas que tuvo los mejores resultados en la reducción de este insecto en tomate, razón por la cual este producto se usó intensivamente para el control mosca blanca en hortalizas, con resultados aceptables; sin embargo, de 2004 a la fecha los problemas causados por geminivirus y otros grupos de virus se han incrementado notablemente en esta región, aún con el uso intensivo de Imidacloprid y otros productos del mismo grupo químico, tales como el tiamethoxan y acetamiprid.

Para retrasar el desarrollo de resistencia de la mosca blanca a los insecticidas, se sugiere rotar estos productos con los jabones agrícolas, aceites y extractos vegetales. Se debe iniciar primero con imidacloprid o tiamethoxan en el invernadero al momento de sacar la planta al campo y hacer solamente otra aplicación al suelo; después, en la fase de crecimiento inicial del cultivo se pueden aplicar los jabones, seguido de aceites y extractos vegetales, los cuales se deben asperjar orientando la aspersión de abajo hacia arriba, para poner en contacto los productos con los adultos e inmaduros de la plaga que
se encuentra por el envés de las hojas. Posteriormente, en plantas más desarrolladas se puede hacer una aplicación de acetamiprid al follaje, seguido de endosulfán, buprofezin, oxamyl, jabones, pyriproxifen, bifentrina, spirome-sifen, aceites, extractos vegetales, pymetrozine (Plenum 50 GS) en rotación.

Lo deseable es que la implementación de las estrategias de control antes señaladas se lleve a cabo simultáneamente a nivel regional: una sola parcela que no sea atendida correctamente servirá de reservorio y fuente de diseminación de insectos vectores y virus a otras parcelas.

El éxito de estas estrategias dependerá del cumplimiento de las Leyes, Normas Oficiales y Reglamentos Fitosanitarios, ya que si estas alternativas de control se implementan en cultivos establecidos extemporáneamente (fuera de la época de siembra óptima recomendada para cada región) y en zonas donde permanecen los cultivos hortícolas abandonados (socas) por mucho tiempo, siempre ocurrirán poblaciones extremadamente altas de las plagas. Esto pondrá en riesgo la eficacia y el éxito de los programas de manejo de plagas, obligando con ello a depender exclusivamente del uso masivo de insecticidas de amplio espectro, con resultados erráticos y con un mayor impacto ecológico regional, como sucedió en la temporada hortícola 2005-2006.

Experiencias en el manejo de mosca blanca y geminivirus

En el valle de Culiacán, Sinaloa, durante la temporada hortícola se planificaron y utilizaron diversas estrategias para el manejo de mosca blanca y geminivirus en tomate cultivado comercialmente con híbridos que ahora se sabe que son susceptibles a virus transmitidos por mosca blanca. Las estrategias utilizadas incluyeron:

  • Riguroso manejo de los invernaderos de producción de plántulas para reducir al máximo la entrada del vector.
  • Establecimiento del cultivo dentro de la fecha de siembra recomendada (segunda semana de septiembre de 2005).
  • Eliminación de hospederas silvestres presentes en la periferia del terreno, antes de iniciar la plantación.
  • Colocación de barreras de plástico amarillo con biotac, junto con barreras de zacate sudan, en la periferia del terreno.
  • Tratamiento con imidacloprid en inmersión de raíces al momento del planteo y posteriormente al suelo.
  • Monitoreo dos veces por semana de adultos de mosca blanca y plantas con síntomas de virosis.
  • Eliminación semanal de todas las plantas con síntomas de virosis, durante los primeros 50 días de establecido el cultivo.
  • Aplicaciones en rotación, según la incidencia de la plaga, de los insecticidas siguientes: endosulfán, extractos de ajo, oxamyl, jabones, acetamiprid, bifentrina, SPIROMESIFEN, entre otros.

La implementación de estas estrategias permitió que hasta mediados de la cosecha, se registrara menos del 12% de plantas infectadas por virus y la producción de tomate superó ligeramente los 6,000 bultos (cajas) por hectárea. Estos resultados demuestran la eficiencia que se tuvo en el manejo del vector y el virus, ya que se ha registrado mayor impacto negativo en la producción de hortalizas causado por este complejo.

Foo A: Trampa amarilla. Foto B: Muestreo de foliolos para observación de estados inmaduros en cultivo de tomate.

Por otro lado, sobresalen los resultados obtenidos en Sinaloa hasta enero de 2007, de la temporada 2006-2007, en la que hubo una drástica reducción de complejo mosca blanca-geminivirus en hortalizas, a tal grado que no se reportaron oficialmente siniestros ocasionados por dicho complejo en hortalizas y frijol en la mayoría de las parcelas, con algunas excepciones.

La drástica reducción del complejo mosca blanca-geminivirus en hortalizas registrada en esta temporada, ocurrió porque hubo una mayor organización, capacitación y participación de los productores de hortalizas, que también colaboraron con las autoridades fitosanitarias, técnicos, asesores e investigadores agrícolas, en el cumplimiento de la normatividad fitosanitaria, donde por primera vez destacaron algunas de las acciones llevadas a nivel regional, antes y después de la implementación de la “ventana fitosanitaria”, tales como:

  • Supervisión del cumplimiento de la destrucción de socas.
  • Establecimiento de brigadas de eliminación de riesgos fitosanitarios (maleza en drenes, caminos vecinales, canales; cultivos extemporáneos, ornamentales en transpatios, etcétera) y de una red de monitoreo de insectos vectores y de maleza hospederas de dicho complejo.
  • Se dejó de sembrar soya y otros cultivos que sirven de hospederos (algodón, calabaza, etcétera) durante el periodo que comprendió la ventana fitosanitaria.
  • El planteo de hortalizas en campo inició hasta el primero de septiembre, utilizando preferentemente híbridos de tomate tolerantes a geminivirus, en la medida de lo posible.

Los resultados satisfactorios obtenidos hasta el momento en Sinaloa, en el manejo de mosca blanca y geminivirus, nos demuestran que la crisis ocasionada por este complejo ya fue superada; por el contrario, las acciones antes señaladas deben continuar y reforzarse en el futuro, buscando para ello nuevas y mejores estrategias eficientes, que permitan un manejo sustentable de las plagas y los cultivos hortícolas que éstas atacan. HC

Roberto Gastélum Luque y Tirzo Paul Godoy Ángulo
Doctores en Ciencia. Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa

 

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